4 dic. 2012

Wertgüenza

Desde que dejé de escribir el blog me he planteado en varias ocasiones volver. Pero no sabía si volver con éste, o empezar otro (de hecho, empecé otro. Y lo terminé ya: mi día a día de una dieta). Y dudaba si empezar otro distinto porque, desde hace tiempo, me atenaza algo parecido a una duda existencial. ¿En catalán? ¿O en castellano, como ahora?

Yo soy catalana. Me siento catalana. Me siento (mucho) más catalana que española. Y últimamente, más, mucho más. Mi primera lengua es el catalán. En casa siempre he hablado en catalán. Con mis padres, mi hermana, mis amigos, mis compañeros de trabajo, con la gente que atiendo en el trabajo. Siempre en catalán. O casi siempre. Si la gente me habla en castellano, pues en castellano. Y no me cuesta. El cambio es automático.

Y lo mismo cuando escribo. En el trabajo escribo (casi) siempre en catalán. Pero si tiene que ser en castellano, pues en castellano. Y no es ningún drama.

¿Me entendéis cuando escribo el blog en castellano? Creo que sí, ¿no? Pues yo fui a una escuela pública catalana de Arenys de Munt (sí, el pueblo precursor de las consultas independentistas) donde estudiábamos en catalán. A la práctica, y salvo que el profesor hablara en castellano, las clases se daban todas en catalán (salvo castellano, y literatura española, claro). Fuera del colegio, o en el patio, se hablaba tanto catalán como castellano, pero, al menos en mi época, casi siempre sólo en catalán. Por una simple razón: todos éramos catalanes. Pero esa situación es anómala en mi normalidad actual.

Es habitual tener amigos con los que se habla en castellano, y otros en catalán, y en la misma conversación. Es normal decir una frase en una lengua y otra frase en otra. Y todos nos entendemos. El contexto, la situación, el interlocutor, deciden el idioma. Pero es automático. No se piensa. Sale y punto. Incluso hay casos en que se puede hablar catalán con la madre y castellano con el padre. A la vez, en la misma mesa, en la misma casa.

No entiendo entonces al señor Wert. Y le llamo señor por llamarle de algún modo. Su proyecto de ley de educación no obedece a ninguna razón objetiva. El castellano no está perseguido en Cataluña. Se aprende igual que el catalán. ¿Españolizar a los alumnos catalanes? ¡Qué cosa más rancia!  ¡Y qué mal suena! ¡Cuánta caspa! ¡Cuántas ganas de hacer daño! ¡De malmeter!

Cuando empecé el blog, lo hice en castellano, después de plantearme en qué lengua hacerlo. Por aquel entonces los blogs que había en catalán no me gustaban: demasiado endogámicos, muy politizados, temas aburridos (sí, porque la política -o los políticos, más bien-, a mí me aburren).. ¡Ojo! La mayoría... o los que yo conocía. Empezar a escribir un blog no es automático; hay un paso lógico previo, que pasa por leer antes otros blogs. Y los blogs que yo leía eran en castellano. Ahora, sigo prefiriendo mayoritariamente los blogs en castellano. ¿Razón? Fácil: temáticas más diversas y más afines a mis gustos. Así que por afinidad empecé a escribir en castellano (con algún post en catalán, creo recordar). Al final, opté por el castellano porque me seguía gente que no entendía el catalán, y total, a mí me daba igual catalán o castellano.

Hoy mismo, ahora mismo, justo ahora, no me da igual. Y vuelvo a no saber qué hacer. Pero los motivos son muy distintos. Si España me maltrata y no me quiere (como catalana me siento así, y ese proyecto de ley infame de Wert  que presentó ayer no hace más que acrecentar este percepción), no puedo evitar cierta incomodidad personal escribiendo este blog en castellano. Siempre he pensado -y he defendido- que conocer varios idiomas enriquece. Y lo sigo sosteniendo. Pero no me gusta, y hace que algo se remueva en mí, que ataquen mi esencia cultural. Y esta esencia, que está en la base, muy interiorizada, es el catalán, que es lo definitorio de mi cultura de base.

Es una pena que la diversidad (cultural, lingüística, social...) se vea como algo malo. Esta idea de UNA España única e uniforme que pretenden imponernos es repugnante. A mí me repugna. Me da asco. Y atacar a una lengua así  A ESTAS ALTURAS DE LA VIDA es de una bajeza increíble y de mentes muy limitadas, y que pretenden hacernos creer que todos somos igual de limitados.

No me gusta hablar de política. No me interesan los blogs que hablan de ella. Y hubiera preferido volver con otro tema, pero, hoy, es lo que hay.

2 comentarios:

Dulce dijo...

Hola
Comparto todo lo que dices.
:)

Anónimo dijo...

Solo le faltaba decir: Ustedes los catalanes limítense a recibir instrucciones y acatar las normas de la capital. No hagan sugerencias, no muestren voluntat ni iniciativa o seran gaseados.

En este tipo de organización autoritaria lo que les interesa a los que tienen poder es acumular más poder y ejercerlo anulando la diversidad. Precisamente la diversidad y su respeto es fuente de innovación y riqueza; pero la innovación y los cambios son una amenaza para quien ostenta poder; supone competencia. Por lo tanto el objetivo es imponer un solo punto de vista, el del líder. Las consecuencias son la muerte del espíritu crítico y una sociedad culturalmente anquilosasa; dedicada a enorgullecer el ego de los líderes.