27 feb. 2009

Besugos hablando de papeles

Buf... hoy he recuperado una llamada en el trabajo que no era para mí. Y en mala hora, la verdad. Porque la conversación ha sido totalmente surrealista. Podría haber sido tranquilamente una broma, de esas que la dejan a una a cuadros... pero no. La cosa ha ido más o menos así:

- ¿Sí?
- ... ¡ah! Hola. ¿Gloria?
- ummm... no, aquí no hay ninguna Gloria.
- Ah... pues no puedo haberme equivocada, porque la chica de centralita me ha dicho que me pasaba con ella (buf: la chica de centralita trabaja con una burrada de extensiones de varios edificios y acostumbra a sacarse la pulgas de encima con mucha facilidad derivando a cualquiera de ellas).
- Pues no, te han pasado mal. ¿Gloria qué más?
- Gloria. Con un apellido castellano (¡bien, puedo eliminar los apellidos catalanes!). Que termina en z.
- ...
- Sí, en z. Algo parecido a Rodríguez. Pero también puede ser Gómez. O Sáez...
- ... no me suena ninguna Gloria con un apellido así... Claro que aquí trabajan más de 300 personas y no las conozco a todas (y no, no soy telefonista ni tengo por qué saberme de memoria todo el listín). ¿Para qué llamabas? Así igual puedo derivarte a la unidad de que se trata...
- Bueno... era por un tema de papeles.
- ...
- Sí, es que ella "hace" papeles y escribe en el ordenador.
- ... Verás, es que... si no me concretas más no voy a poder ayudarte...
- Vaya... pues sí que lo siento... Da igual, vuelvo a llamar a centralita, a ver si la chica me puede ayudar.

Me he quedado patidifusa. Pero, de hecho, pensándolo bien, el chico que llamaba no iba desencaminado. Yo también "hago" papeles. Da igual qué tipo de papeles, pero mi trabajo se reduce a "hacer" papeles. ¡Qué triste!

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Por otro lado, Parsimonia me ha concedido un premio. ¡Mil gracias!

Es un premio de chicas,y sus reglas consisten en elegir a cinco chicas con las que disfruto caminando con ellas en este mundo blogueril y que tendrán, a su vez, que:

- Premiar a cinco blogueras.
- Avisarles en sus blogs para que pasen a recoger el premio
- Hacer mención al premio enlazando a la persona que os lo ha concedido.

Y las seleccionadas son:

Maba, por su El escaparate del bazar
Betty Boop, por su Isla de Bambú
Julia, por En busca de la estabilidad
Lileth, por su Lilethmanía
Mrs. Knook, por Knook and go

25 feb. 2009

Opinar desde el respeto

Últimamente están apareciendo varias noticias en los medios de comunicación sobre los blogs. Bueno, sobre autores de blogs condenados por sentencia judicial por delitos de injurias o calumnias y intromisiones al derecho del honor de terceras personas.

Hay dos casos muy parecidos que han saltado a la luz pública en esos últimos días. Ambos casos son parecidos: concejalas de ayuntamientos, una del Ayuntamiento de Santa Brígida, en Canarias, y otra del Ayuntamiento de Malgrat de Mar, en Cataluña, que tienen su blog y en él vierten sus opiniones. Pero no son condenadas por sus opiniones, no. Lo son por los comentarios que dejan en él los lectores. La concejala canaria permitió que se publicaran al pie de sus posts varios comentarios que el juez consideró como “intromisorios” con el derecho al honor de concejales a otros partidos. La concejala catalana se había ido de vacaciones y no había deshabilitado los comentarios. Al volver se encontró con comentarios que insultaban a los miembros del Partido Popular de la población... y con una demanda interpuesta por los miembros del PP. Algo parecido le sucedió a la concejala canaria, sólo que sin irse de vacaciones.

En ambos casos se ha condenado a las concejalas porque son “titulares” del blog en cuestión y, por lo tanto, los jueces consideran que son responsables de los comentarios que se vierten en el blog por no haber tenido la “diligencia debida” en el control de estas opiniones (y ya sabemos los que tenemos blog que muchas veces los comentarios pueden ser anónimos y totalmente mal intencionados).

Los jueces consideran a los blogs como un “medio de comunicación” tradicional y hacen responsables a sus titulares de todas las opiniones que se vierten en ellos, tanto si son suyas como si son de los comentaristas. Eso es muy interesante, porque la Agencia de Protección de Datos viene considerando desde hace tiempo que las páginas webs (y los blogs) no son “medios de comunicación”.

Yo considero que hay páginas webs y páginas webs, y hay blogs y blogs. Y los habrá que sí son medios de comunicación y otros que no. Dependerá del contenido, de la intención, de la finalidad... También es cierto que si se considerara que los datos que circulan por internet tienen que protegerse de acuerdo con lo que establece la Ley Orgánica de Protección de Datos, la cosa sería muy chunga (en todos los sentidos: por dificilísimo, porque muchos datos que circulan por la red los hemos introducido nosotros voluntariamente, porque es una red global que escapa al control de un único Estado... por miles de razones). Pero también es cierto que si se piensa bien en muchos de los programas porquería que dan minuto sí y minuto también por la tele –que sí que se considera un medio de comunicación-... no se puede decir que contribuyan “a la formación de un espíritu crítico, democrático y plural” (que son los valores que ha utilizado siempre el Tribunal Constitucional para defender la posición preferente de los medios de comunicación).

En definitiva, que se trata de un tema espinoso y estoy segurísima que saldrán muchos más casos de ese tipo. Puede incluso que algún día haya un criterio claro al respecto. Lo que si me ha quedado claro es que los bloggers, como titulares de nuestros blogs, sí que debemos vigilar qué tipo de comentarios dejamos que se publiquen en nuestros posts. Porque, como siempre, el respeto debe prevalecer. Que una cosa es opinar libremente desde el respeto y otra muy distinta es insultar e injuriar. Peor aún si eso se hace desde el anonimato.

17 feb. 2009

Días grises de primavera

Llovía. Siempre llovía. Y hacía frío. Parecía la Londres gris y lluviosa de las películas. Pero era Barcelona en un mes de mayo. Marta sabía que era imposible que lloviera siempre, día gris tras día gris. Y también era imposible que todos los días fueran grises, nublados y húmedos. De la misma manera que no era posible que cuando caía la noche sólo se oyeran sus tacones repiquetear por las calles, que no podían estar desiertas. Y tampoco era posible que estuviera ella sola en la estación de metro a las 7 de la tarde, en plena hora punta.

Pero a pesar de ser imposible, eran sensaciones muy reales. Y ella las vivía, las sentía y las sufría. Era como vivir en una burbuja de tristeza. Estaba sola. Se sentía sola. Y aunque abría la boca e intentaba hablar era en balde. Las palabras no salían. También hacía ya semanas que las lágrimas habían dejado de brotar. El último día, en el lavabo del trabajo, había gastado todas las lágrimas que creía que tenía. Y tampoco ya no salían. Cuando miraba su reflejo desdibujado en los aparadores de las tiendas tenía la sensación que se había secado por dentro. Que si alguien reparara en ella y la pinchara no podría sacar ni una gota de sangre.

Veía a más gente en sus burbujas individuales. Y a otras personas que reían, se besaban y tenían conversaciones animadas que no traspasaban su burbuja. Sólo veía cómo movían sus labios. Ni se molestaba en tratar de imaginar de qué hablaban. Aquellas conversaciones que ella también había mantenido no hacía tanto tiempo, aquellas risas que ella también había compartido, aquellos besos que ella había dado y había recibido... ahora le parecían tan irreales que creía que los había soñado.

Cada día que pasaba se adentraba más en un callejón sin salida. Marta era consciente de hacer equilibrios ante un precipicio negro y profundo.

Y la burbuja se rompió. Sola. En un autobús en medio de un atasco. Marta miró por la ventana y vio a dos niños pequeños que se balanceaban en los columpios de un parque. Vio que reían. Y se dio cuenta que era mayo, que hacía sol y que las flores hacía ya semanas que habían poblado las macetas de toda la ciudad. Y lloró. Bajó del autobús y siguió llorando en silencio mientras andaba hacia casa, oyendo sus pasos y los de tanta y tanta gente que también vivía en su ciudad, y notaba los rayos del sol de primavera en sus brazos y en su rostro.

15 feb. 2009

Tierras de cristal

Alessandro Baricco, italiano nacido el 1958 en Turín, es el autor de “Tierras de Cristal”. Ha escrito otras novelas y obras de teatro: “Seda” (probablemente la más conocida), “Océano”, “City”... Buscando información sobre él por internet, me he enterado que tiene abierta una escuela de técnicas de escriptura en Italia. Y no me ha sorprendido, la verdad.

Alessandro Baricco escribe bien, más que bien, pero todo en sus libros está calculado, pensado, predeteminado... Hay veces en que el lenguaje y las construcciones narrativas que utiliza son tan rebuscadas y artificiosas que pueden hacernos perder. Pero que nadie se engañe, porque en ningún libro de Alessandro Baricco se encontrará una historia lineal y de fácil seguimiento. Aquello tan manido de “introducción, nudo y desenlace” no se encuentra en sus novelas y, excepto en “Seda”, es posible que deban de releerse algunos pasajes para poder entenderlos. No hay nada que sobre en sus historias y pueda obviarse en una lectura rápida, y si está dicho es necesario entenderlo y no olvidarlo.

"Tierras de cristal" es la tercera novela de Baricco que leo, después de “Seda” y “Océano”. Es la que menos me ha gustado y en la que ese artificio narrativo del que hablaba antes está más presente. Creo también que es la más difícil de leer. La historia que se nos cuenta sucede en Quinnipack, una pequeña ciudad imaginaria, que bien podría ser cualquiera ciudad centroeuropea del siglo XIX. Allí, el señor Rail, (fijaros ya en el apellido... nada hay de gratuito en las obras de Baricco), después de volver de uno de sus misteriosos viajes, se propone traer el ferrocarril a la ciudad. Su intención es hacer construir una vía recta de 200 kilómetros que una Quinnipack con Morovo, la ciudad a la que su mujer, Jun, nunca quisiera ir.


Pero la fábrica de vidrio del señor Rail no produce los suficientes beneficios para financiar en solitario tal sueño, que más que sueño acaba convirtiéndose en obsesión, y se convierte en un proyecto aplazado. A Quinnipack sólo llega la locomotora, Elizabeth, que impresiona a sus habitantes. Al cabo de los años, las obras del tren podrán reanudarse, gracias a la inyección de dinero que supondrá el encargo de Horace Houreau, arquitecto francés atormentado por sus demonios interiores, de fabricar finas láminas de cristal para construir el Cristal Palace de Londres. Pero el dinero no acabará de llegar, y el proyecto acabará deteniéndose para siempre. Habrá una vía que sale de Quinnipack, y que aparte de haber traído desgracias, no llegará a ningún destino.

La construcción de la vía, o más bien, alrededor de la idea de construir la vía, es el eje alrededor del cual se van presentando los demás personajes. Se construyen muchas historias entrecruzadas, muchas de las cuales ni al final se logran unir como un todo. Son pequeñas historias, algunas independientes, otras dependientes unas de otras, que van desgranándose muy poco a poco.

Particularmente, creo que el libro es difícil de leer, a pesar de ser bastante breve. Creo que hay demasiado artificio narrativo para contar la historia. Pero así escribe Alessandro Baricco. Es uno de esos escritores que prima la escritura por encima de la historia. Pero ¡ojo!, que la historia está. Y hace pensar. Una de los puntos que trata la historia que más hace pensar es lo que supone la llegada de la locomotora. La locomotora de vapor significa que empieza a llegar la modernidad a Quinnipack, se ve como un avance importantísimo para el progreso económico de la ciudad. Pero, curiosamente, llega Elizabeth, la locomotora, y empieza también una espiral de crímenes y muertes... que son tratadas como algo secundario en el libro, es cierto, pero que están. Y creo que la idea que quiere transmitirnos Baricco es ésa: que el progreso no lo justifica todo. En este caso, la locomotora rompe la tranquilidad de una ciudad en la que nunca sucede nada, en la que lo único que rompe la monotonía son las idas y venidas del señor Rail de sus viajes misteriosos. Pero llega la locomotora, con lo que eso significa, y todo cambia.

El libro no está mal, pero si os tengo que recomendar alguno de Alessandro Baricco, mi elección es “Seda”. “Seda” seduce, desde la primera hasta la última palabra, por la técnica narrativa, y también por la historia que cuenta. Y si os gusta “Seda”, pues entonces podéis leer “Tierras de Cristal” o algún otro de Baricco. Que supongo que por algo será que “Seda” es el libro más conocido de su autor (y que cuenta con una adaptación cinematográfica).

9 feb. 2009

Hablando de "resiliencia"

Hace ya bastantes días –los que hace que no actualizo el blog, de hecho-, a raíz de un hilo de comentarios en dos posts anteriores a éste, Maba y yo terminamos hablando de resiliencia, y de un posible post sobre ella. Pues aquí está.

Hace ya unos 7 u 8 años que oí hablar por primera vez de “resiliencia”. No había oído nunca el término y, de hecho, no sabía ni cómo se escribía. Porque, no nos engañemos, la palabra algo rara suena. Y, evidentemente, ni por asomo me imaginé aquel entonces que la oiría muchas más veces en mi vida y que acabaría trabajando en un sitio donde se habla de ella con bastante frecuencia. O donde, como mínimo, hay cursos, jornadas y conferencias sobre ella. De todas formas, vaya por delante que és un término que viene de la Psicología y yo no soy psicóloga.

En su acepción originaria, el término “resiliencia” proviene de la Física, de la ingeniería de materiales. Hace referencia al fenómeno por el que los cuerpos retornan a su forma inicial después de haber sido sometidos a una presión que los deforma. Imaginaros el anuncio de Ikea y los colchones (o los sofás). Sí, aquel que dice que someten a sus colchones a una prueba de no sé cuántos kilos durante no sé cuántas miles de veces, de manera que garantizan su perdurabilidad a lo largo de los años. O a una goma que la aplastas y vuelve a su forma original cuando dejas de aplastarla. Eso es resiliencia.

Y ahora trasladémonos al campo de la Psicología. Y es lo mismo. La capacidad de la gente (de alguna gente) de sobreponerse a situaciones adversas. Científicamente se define como “la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”. Para mí no deja de ser una forma de superar las adversidades con entereza, de mirar hacia adelante, de dejar que la vida continúe.

Se utiliza mucho en el ámbito de menores. Niños con unas condiciones de vida muy difíciles, con familias completamente desestructuradas... que han sabido sobreponerse y han tirado adelante. Pero también hay otros niños, con exactamente los mismos condicionantes, que no han podido tirar adelante, o que les ha costado mucho más y que crecen lastrados por un peso que no serán capaces de soltar nunca. ¿Por qué unos sí y otros no, si las condiciones son las mismas? Pues porque ellos no son los mismos, porque no hay dos personas iguales y porque hay algunos ellos que naturalmente habrán desarrollado mejor sus habilidades potenciadoras de la resiliencia.

Pero no sólo en el ámbito de los menores... Porque también los adultos (ante la muerte de un familiar próximo, ante la pérdida del trabajo, ante un desengaño amoroso...) reaccionaremos diferente y lo superaremos con más o menos rápidez en función de nuestra capacidad de resiliencia. No se trata de quién quería más o menos a aquella persona que murió trágicamente, sino de la capacidad de cada uno de sobreponerse a su pérdida. De mirar hacia adelante. De nuestro instinto de supervivencia, si se quiere. De nuestra capacidad de resiliencia, en definitiva.

Hay una corriente en la Psicología (la Psicología positiva) que cree que la capacidad de resiliencia puede mejorar. Que puede aprenderse. Y, como en todo, los niños y las niñas son más maleables. El entorno, la vida, las circunstancias que nos rodean... todo forma parte de nuestra educación y nos permitirá enfrentarnos a los batacazos de la vida de una u otra forma, con más o menos suerte. Algunos rasgos y factores que potencian la resiliencia: introspección, independencia, iniciativa, humor, creatividad, autoeficacia...

Estoy segura que de ejemplos prácticos todo el mundo conoce varios. Gente que ha sufrido lo indecible (supervivientes de campos de concentración o de grandes catástrofes); o personas que han tenido que vivir sin referentes familiares; o madres y padres coraje que han tenido que tirar adelante cuando muchos otros hubieran tirado la toalla. Y recordando nuestras experiencias pasada también sabemos cómo vamos de resiliencia. ¿Nos hundimos cuando tenemos un desengaño amoroso o lo superamos con relativa facilidad, después de un período de duelo? ¿Vencemos la frustración? ¿Sabemos superar las adversidades o se convierten en una montaña imposible de escalar?

Hace ya unos meses conté el caso de Mario Capecchi. Por aquel entonces me pareció un caso digno de admiración. Cómo, teniéndolo todo en contra, una persona es capaz de tirar adelante contra todo pronóstico y alcanzar cosas inimaginables a priori. Sigue pareciéndome admirable y es un evidente ejemplo de una persona con una gran capacidad de resiliencia. O de supervivencia.

Más, aquí:


- Psicología positiva (es muy interesante el primer artículo de las "fuentes" que cita, que puede descargarse en pdf).