16 ene. 2009

Voces dormidas

Voces dormidas fueron las de Paquita, Hortensia, Tomasa, Celia y las de tantas y tantas mujeres que tuvieron que callar, hacer cómo si nunca hubieran existido los hechos de los que fueron protagonistas y quedar relegadas a un simple nombre, con una condena, en un sumario oscuro.

Son las voces de las mujeres republicanas que fueron condenadas a penas de prisión, o a muerte, por ser hijas, esposas y madres de sus padres, maridos o hijos. Algunas fueron condenadas sólo por eso. Otras, además, por no aceptar que les relegaran a simples espectadoras de todo aquello que estaba destruyendo su vida, por ser sólo mujeres. Algunas tuvieron que soportar que les raparan la cabeza, les obligaran a tomar aceite de ricino y las hicieran salir así a barrer las calles mientras se les deshacían las entrañas y oían los insultos de sus antiguos vecinos. Muchas otras perdieron la juventud en la cárcel, sin saber qué había sido de sus seres queridos. Y hubo otras que perdieron la vida en un amanecer, de un certero y traicionero tiro en la nuca, en cumplimiento de una condena pronunciada en un juicio sumarísimo que no tenía posibilidad alguna de recurso. Te callas o mueres. Mueres y callas.

Todas esas voces, silenciadas durante años, las despertó Dulce Chacón en 2002, cuando publicó “La voz dormida”. En esta novela, muy bien documentada y que a veces parece un reportaje, devolvió la voz, que algunos habían intentado acallar para siempre, a las mujeres que sufrieron en su propio cuerpo el frío de las cárceles franquistas.

A mí, “La voz dormida” me ha gustado mucho. Igual porque mi familia estuvo en el bando de los vencidos en una guerra fraticida. Igual porque tuvieron que aprender a callar y a llorar en silencio. Igual porque es una historia bien contada y escrita de tal manera que llega y que consigue erizar el vello en algunos momentos.

Mi abuela siempre supo en qué fosa común estaba enterrado su padre, junto con siete vecinos más del mismo pueblo. Pero nunca le dejaron llevarle flores. Aún ahora, ni a ella ni a los demás familiares de los muertos les han permitido dejar constancia en una lápida de los nombres de los ocho hombres que fueron asesinados juntos y yacen juntos desde un día de abril de 1938.

Por su parte, mi abuelo sólo sabe que su padre fue fusilado cerca de Lleida. Los cogieron cuando volvían de Francia, después de haber creído las promesas de las octavillas que lanzaban los aviones franquistas sobre ellos. A él y a su madre que aún no sabía que estaba embarazada los dejaron marcharse, pero a su padre nunca más volvieron a verlo. Tampoco consta su nombre en ninguna sentencia, en ningún papel. Desapareció, sin más. Cuando aún podía y tenía suficientes fuerzas y ánimos, mi abuelo intentó saber en qué fosa, al lado de qué carretera o en qué cementerio, estaba enterrado su padre. Nunca llegó a descubrirlo. La gente no hablaba. Por vergüenza. Por temor. Porque hay quien considera que estas historias deben olvidarse: si se olvidan parecerá que nunca han existido. Pero hay quien no puede, quien mientras viva seguirá recordando, día tras día, las últimas palabras que le dirigió su padre. Y necesitará que los demás sepan que su padre vivió, que existió, que tenía un nombre. Y que le mataron por nada.

7 comentarios:

BRUJILDA: dijo...

Es terrible que hayan sucedido cosas así. Que mal lo ha tenido que pasar tanta gente, sin ir más lejos tu propia familia.
El libro parece estupendo y además refleja una realidad pero creo que soy demasiado sensible para leer algo así, me afectaría imaginarme todas esos maltratos y asesinatos.
Reconozco que soy muy blanda para estas cosas.
Un saludo y buen fin de semana.

Casandra dijo...

Lamento lo que tuvo que vivir tu familia, la verdad es que en este país tenemos un pasado muy muy duro. :-(

Esa novela me la han recomendado muchísimas personas, es una de las que tengo en mi lista de pendientes. ;o)

MUCHOS BESOS, SOLETE!! MUUUUUAK!!

S dijo...

Horrrososo, cualquier guerra es horrorosa y la que nos tocó vivir a nosotros a nuestras familias, por cercana, lo es quizás más. Mi madre no conocio a su padre, lo mataron antes de que ella naciera.

Mi otro abuelo estuvo detenido durante mucho tiempo, se fugó y fue fugitivo durante muuuuchos años, tuvo que abandonar a mi abuela y a sus hijos, mi abuela lo dio por muerto.

Tristes histórias de película protagonizadas por personas cercanas, menos mal que alguien se atreve a sacarlas a la luz.

Besos

julia dijo...

Triste..tan triste...¿como un país pudo llegar a esos extremos? Y bueno lo que esta pasando ahora en otras partes del mundo es para echarse a llorar...
Me gusto el libro..mucho...
Un besazooooo

Maeva dijo...

A mi el libro me encantó. Es como tu dices, como un reportaje, como verlo de verdad. Que triste que a estas alturas tu abuela no pueda hacer justicia y poner una plaquita o algo. Hay mucha hipocresía en este pais. Bss

Anónimo dijo...

Pues a mi abuelo lo cogieron preso cuáundo huía de al Batalla del Ebro. Se lo llevaron a un campo de prisioneros y al cabo de unos meses lo dejaron libre. ¿Porqué a el sí y a otros no? Quizá por ser de la quinta del biberón, por tener cara de niño.

Parsimonia dijo...

Estas historias no se deben callar porque son parte de nuestra historia. El dolor es inmenso y los abusos que se cometieron durante la guerra son incontables e innombrables.
Hubo quien marchó al exilio, otros murieron o fueron encarcelados y muchos también sufrieron lo que se ha llamado un exilio interior, es decir, encontrarse en un lugar que no sentían como suyo.
Horrible lo de tu familia y merece ser contado como todas las historias que pretenden que sean enterradas.
Me parece fenomenal que lo hagas saber y no son cosas para avergonzarse, al contrario.
Un beso.