13 ene. 2009

De Tenochtitlan a Leupp

De pequeña tenía una gran capacidad de evadirme del mundo que me rodeaba. Para mí era suficiente con tener un libro entre manos, cualquiera, para volar bien lejos del sofá, de la cama o del jardín de casa. Leyendo viajé muchísimo. Hacia el pasado, hacia mundos mitológicos e imposibles, poblados por dioses con pasiones muy humanas y muy poco divinas, que sufrían por amor, que odiaban y que se vengaban de sus enemigos. Pero también caminé del bracito de Sherlock Holmes por las calles de una Londres victoriana, húmeda y gris, tomada por una espesa niebla que escondía a peligrosos asesinos. Y alguna que otra vez también me dejé tentar por un paseo por el futuro, aunque ese tipo de viajes no me atraían tanto.

Entre muchas otras historias, recuerdo con especial cariño un libro de aventuras –me es imposible acordarme de su título-, que me llevó directamente a la majestuosa y lejana Tenochtitlan, capital de los aztecas, antes que los españoles exterminaran a sus habitantes. Antes que ellos desembarcaran en busca de un Dorado que no existía, con Hernán Cortés a la cabeza, yo ya había paseado por sus avenidas, había conocido a sus gentes y había presenciado sus sacrificios humanos. También fui testigo de su exterminio, en manos de españoles y enfermedades de importación, y del inicio del olvido de su cultura.

Todo eso, sin salir de casa. Ahora, sigo leyendo. Y sigo conociendo sitios a los que nunca he estado, y que quizás nunca visitaré. Pero también tengo otra forma: Internet.

Soy capaz de imaginarme mi vida sin Internet, porque recuerdo mi vida anterior, cuando aún no existía (y aquí me doy cuenta que tengo una edad, porque ya hay una generación detrás de mí que ya no ha vivido sin Internet). Pero también reconozco que ahora tengo mucho más acceso a la información y que mi vida es más fácil. Además, Internet me entretiene. O me hace perder el tiempo. Depende de cómo se mire.

Pero imaginemos una tarde de estas pasadas vacaciones de Navidad. Frío, mucho frío en la calle. No apetece salir a dar una vuelta y sí quedarse acurrucada en el sofá. En la tele, sólo películas vistas mil y una veces. Enciendo el portátil y me conecto a Internet. Intento consolarme y busco ciudades del mundo con temperaturas más bajas. Estamos casi a la par que Praga, Budapest y Moscú. Pero donde me encantaría estar de verdad es en El Cairo. Me voy para el sur, y por aquellas cosas busco la temperatura de Lepe. “Lepe no existe. ¿Quizás quiso decir Leupp?”. No, pero… a ver en Leupp… En aquel momento también tenía una temperatura bajo cero. Y me pregunto ¿dónde está Leupp? Voy a la Wikipendia. Leupp es un pueblecito de unos 900 y poco habitantes, situado al oeste de Estados Unidos, poblado por navajos. ¿Navajos? A ver… sigo leyendo, saltando de página en página. Se encuentra en la llamada “nación navaja”, con unos 180.000 habitantes, que tiene cierta capacidad de autonomía y una situación administrativa compleja porque está situada en territorio de varios Estados. Pienso algo parecido a "muchos para cortar y poco para pinchar". En algún párrafo, Wikipendia habla de la “reserva” navaja. No me gusta nada esta palabra, y me recuerda cosas que ya he leído al respecto. Me vienen a la cabeza palabras como vergüenza, esconder, alcohol, indignación…

Ya puestos, quiero ver el terreno. Y busco Leupp en el Google Earth. Veo un paisaje desolador: una foto de una casa destartalada en medio de un desierto. No se ven bien las calles del pueblo. Aquello es la nada. Situado dentro del parque del Gran Cañón del Colorado, pero la nada, un rincón perdido en el mundo.

Aquella tarde yo seguí viajando. Dejé Leupp y me paseé por el Gran Cañón. Y luego me lié con los cráteres provocados por meteoritos (el Google Earth, ya se sabe...) y acabé saliendo al espacio exterior. Pero, de todo, me quedo con Leupp.

9 comentarios:

julia dijo...

Es que internet nos permite viajar, nos entretiene, podemos buscar información y comunicarnos con nuestros amigos, la verdad es que no está nada mal el invento ¿a que si?
Un besazo enorme y de nuevo muchas gracias por el premio, no sabes la ilusión que me hizo!!!
Un besazooo y dulces sueños!!

MqR dijo...

la verdad q lo q hemos avanzado con ste invento. Aunq yo sigo pensando q mi vida cambio gracias al Xcell jajajaja tenia q haber un San xcell por el papelon q nos ha exo.

bss wapa

Parsimonia dijo...

Lo que sería maravilloso es poder viajar con el google por el tiempo, sobre todo ahora que han elaborado unos programitas con los que puedes ver, como si estuvieras en la calle, muchas ciudades del mundo, como Sevilla. Joer, si veo hasta las macetas de mi abuela colgadas en el balcón.
Imagina poder ver un Londres nebuloso y a sus caminantes decimonónicos andando por ahí, con sus vestidos antiguos, etc.
Un beso.

maba dijo...

le regalé a mi padre en reyes, un libro de fotografías sobre indios americanos..porque nos encantan a los dos

lo de Leupp, como lo de las reservas..es de vergüenza y de indignación...

internet me hace perder el tiempo, pero más a gusto!!

besos

Lina dijo...

A mi me encanta Internet, me permite viajar, aprender, descubrir, conocer... sé como es la vida sin Internet, ya la viví, pero me gusta más esta.

El mundo de los blogs es alucinante.

Cristina dijo...

Has hecho la descripción perfecta de cómo engancha - y enseña - internet. Me encanta cuando te absorbe enlazando una cosa con otra :)

BRUJILDA: dijo...

Hola Blaudemar!

Llevo muy poco leyéndote pero hoy he querido entrar para decirte que me ha encantado tu "relato". Por un momento me he estado imaginando Tenochtitlan y Leupp.
Los libros son una verdadera maravilla, consiguen transportarnos a cualquier lugar del mundo o a sitios imaginarios increibles.
Yo adoro internet, es tan fácil acceder a cualquier sitio y despejar cualquier duda que, mirando hacia atras pienso: ¿Y como lo hacíamos antes?
Bueno, un saludo y hasta otra.

Blaudemar dijo...

Julia: si internet no estuviera inventado ya, debería de inventarse! :P Es una maravilla.

MqR: ya te digo... Estoy segura que ese cambio se estudiará en los colegios dentro de no muchos años.

Parsimonia:sería fantástico. Ayer salió por las noticias que a través del Google Earth pueden "verse" algunos de los cuadros más representativos del Museo del Prado. Y con tanta precisión que se ven cosas que cuando estás allí delante se te pasan por alto. Tengo que probarlo...

Maba: lo de Leupp es de auténtica vergüenza. "No os vamos a exterminar, pero... pero... venga, os damos un desierto". :(

Lina: sí, sabes donde empiezas pero no dónde terminarás. Una maravilla.

Cristina: sí, es un poco lo que he comentado. Como quien no quiere la cosa vas saltando de un lado a otro, aprendiendo y conociendo cosas nuevas.

Brujilda: gracias por comentar, así he podido conocer tu blog.

Gracias a todas por comentar. Besos!

Olivia dijo...

Yo, que tambien soy de la generacion en la que un dia no hubo Internet, no soy capaz de imaginarme mi vida si la red de redes.
Yo tambien soy adicta a descubrir lugares nuevos y ,sobre todo, a la Wikipedia.

Un beso