29 ene. 2009

Murphy enervante

Hay cosas de mi vida cotidiana que me sacan de quicio. Sé que me cabrearé, y a pesar de saberlo, acabo subiéndome por las paredes igual. Nunca me acostumbraré a ciertas situaciones adversas cotidianas. Estoy segura que Murphy existe y sus principios se cumplen en mí de una forma matemática, fija e inexorable. Pero nunca los aceptaré, ni me acostumbraré. Y seguiré odiando:

-Tener que hablar con un teleoperador de mi compañía de telefonía móvil. No arreglo nunca nada. Sigo sintiéndome estafada por los cuatro costados, acabo atacadísima de los nervios y mi nivel de violencia sube hasta límites insospechados. Y eso que yo trabajé más de un año como teleoperadora... pero... no puedo, es superior a mí. Claro que yo no trabajaba en una compañía de telefonía móvil...

-Llamar al operario de turno para que venga a arreglar lo-que-sea-que-se-ha-estropeado-cuando-no-tocaba. Ya sé que le irá bien venir cuando a mí no me vaya bien estar. Y que tendré que esperarle mínimo dos horas porque siempre siempre siempre irá tarde. Y luego tendrá prisa por terminar de arreglar lo que sea rápido y mal porque tendrá el coche mal aparcado y los de la grúa en mi calle son muy cabroncetes (juro que me han dicho eso). Aún soporto menos tener que pagar luego la factura correspondiente.

-Renfe. Concretamente Cercanías de Barcelona. Prefiero no pensar en la de horas y horas que he perdido esperando un tren que nunca llegó, o que si llegó iba lleno hasta los topes y tardó el triple de lo normal en llegar a su destino. Y las que seguiré perdiendo... porque hay cosas que no cambian, y menos para bien.

- Que se cuelgue el ordenador... porque el tío que está oculto allí dentro sabe cuál es el peor momento que puede escoger para colgarse. Y el peor momento es ese en que tengo 5 documentos abiertos a la vez, todos sin guardar, con varias pantallas de búsqueda funcionando a la vez, y atendiendo una llamada en la que debo consultar algo. Y va el tío y se cuelga. Murphy existe, lo sé...

- Que se me rompan mis pantalones preferidos. Vale, sé que se rompen porque me los he puesto diez mil veces. Pero es que a pesar de tener una de pantalones, todos muy parecidos a los rotos, que asusta... no es lo mismo. Porque sé que nunca volveré a encontrarlos. :( Sucede lo mismo con mi jersey favorito, que sigue siendo mi favorito a pesar de las mil bolas que hace, de estar gastadísimo en los codos y todo dado de sí... Y sí, ya sé que ahora mismo tengo mínimo 2 jerséys por estrenar, aún con la etiqueta colgando.

- Cuando tengo prisa es seguro que me pondré a la cola de la caja con menos gente y que más lenta avanza. Segurísimo. Y cuando llegue mi turno la cajera tendrá que hacer caja y cambiar el rollo de papel. Si estoy en el súper es segurísimo que me habré olvidado de pesar la piña o, si es de precio fijo, habré escogido una sin etiqueta. Y si estoy en la del Fnac seguro que será el momento de hacer cambio de turno de cajeros.

- Los fines de semana en que tengo planeado hacer algo especial, y que me hace mucha ilusión, se tuercen. Por culpa de una enfermedad repentina y normalmente poco grave -pero invalidante- para hacer lo planeado-. O por culpa del tiempo. Este fin de semana tenía que ir a esquiar, pero ya han anunciado lluvias, así que...



En fin... mejor que Murphy no se me acerque demasiado, que creo que esta semana ya he llenado mi cupo...

27 ene. 2009

Zapping amoroso

En “El Magazine” de La Vanguardia de este pasado domingo Lucía Etxebarría publicaba un artículo titulado “Relaciones de zapping”. En él venía a decir que Internet tiene la culpa que cada vez más las relaciones vayan y vengan. Facebook, páginas de contactos, el e-mail… todos esos medios hacen que la gente tenga una capacidad –y una facilidad- pasmosa para dejar una relación e iniciar otra de forma encadenada.

Yo me quedé pensándolo. Y hoy, con un expediente con nombre y apellidos encima de la mesa, con una madre muy joven con 3 hijos de cortísima edad que se llevaban 13-14 meses uno con otro, todos con apellidos de padres distintos, he vuelto a pensarlo. No tanto referido a ese caso concreto, que ya no sé si es culpa del Facebook o de Internet, o es pura y llanamente irresponsabilidad e inmadurez.

Pero sí que es cierto que, pensando en la gente de mi generación y generalizando (que luego hay personas, vidas y casos para todo), tenemos poca paciencia. Lo queremos todo. Y lo queremos ya. Y cuando las cosas empiezan a ir mal, carpetazo y a otra cosa. Y a rey muerto, rey puesto. Puede que durante un tiempo lo pasemos mal (o ni eso), pero tenemos claro aquello que decía una canción de “otro amor vendrá”. Y que no hay mal que mil años dure, claro.

De vez en cuando salen en la tele parejas que llevan muchísimos años juntos. Acostumbran a preguntarles la razón de su éxito y ellos responden que es debido a “paciencia, mucha paciencia”. Y también hablan de “respeto” y de “cariño”. Y yo creo que, en general, todos esos valores se están perdiendo. Es mucho más emocionante vivir en una constante montaña rusa. Igual no nos damos cuenta que mientras subimos y bajamos se nos están pasando los años. Todo sea por huir de la tan temida y aborrecible rutina (que no deja de ser tranquilidad y estabilidad, pero, eso, mejor no pensarlo).

21 ene. 2009

¿Quieres ser mi amigo?

No, no estoy haciendo ninguna proposición indecente. Pero esto es lo que me he encontrado hace un rato cuando he abierto el mail.

"xxx quiere ser tu amigo". El xxx dichoso me ha "encontrado" en Facebook (sí, desde que la tecnología entró en mi vida y, sobretodo, llegó internet en casa, tengo muchos frentes abiertos para perder el tiempo) y está esperando que yo confirme "nuestra" amistad.

Pero es que ¡xxx no es mi amigo!. Nunca lo ha sido (y, si de mi depende, no lo será nunca). Vale, nos conocemos desde que llevábamos pañales. Fuímos juntos a la EGB. Luego al instituto. Y, encima, estudiábamos carreras distintas en la misma Universidad (y cogíamos cada mañana el mismo tren). Y, por fuerza, tenemos amigos/conocidos comunes.

Pero es que ese xxx que quiere ser mi "amigo" ahora me hizo la vida imposible cuando no se hablaba de acoso escolar, y mucho menos de bullying. Tengo unos recuerdos horribles de 4º de EGB, cuando estuvo sentado a mi lado durante un trimestre entero. Me pellizcaba. Me pegaba. Me insultaba. Me robaba los colores. Se metía conmigo. Siempre con más gente, claro.

Y ahora quiere ser mi "amigo". No, gracias. No me considero una persona rencorosa y acostumbro a echar tierra sobre lo malo. Pero es una persona con la que no me apetecería hablar, por ejemplo (ni en el instituto, ni en el tren cuando íbamos a la Universidad, ni en la Universidad, nunca nos dirigimos la palabra. Como si no nos conociéramos). Si no lo hice entonces, tampoco ahora. Y no me apetece pasar a engrosar su "red de contactos" en sentido amplísimo, sólo porque alguna vez tuve que coincidir forzosamente con él. En mi Facebook me gusta tener a mis buenos amigos de ahora; a los que lo fueron hace tiempo pero fuímos perdiendo el contacto y ahora estamos recuperándolo, y a gente que, por el motivo que sea, aprecio y me caen bien y no quiero perder el contacto con ellos porque aportan cosas positivas en mi vida... pero no quiero "topos" que fisgoneen en mi vida.

Así que no, no quiero ser tu amiga. Ya no.

19 ene. 2009

Lo que han dado de sí...

Creo que hay veces que no debería de escribir tan a la ligera. O proponerme cosas que sé que no cumpliré. O que me costará horrores mantenerme en mis trece. Y que acabaré "cayendo". Pero, bueno, la verdad es que tampoco es que tenga demasiada mala conciencia. De hecho, no asoma en mí ni el mínimo atisbo de culpa.

Hace un par de semanas escribí en este post esto: "Total, que decidí que este año las rebajas de invierno no estaban hechas para mí. Y hoy me he reafirmado en mi decisión."

Ummm... y es cierto que ni el primer día de rebajas, ni el segundo, ni el tercero, me atreví a entrar en ninguna tienda. Pero a partir de entonces, siempre a deshoras, cuando no hay demasiada gente, cuando las tiendas están más o menos ordenadas y hay provadores libros, se abrió la veda.

A pesar de todo, estoy contenta. Porque sólo me he comprado tres cosas. Que no necesitaba, lo sé. Pero que son prendas realmente rebajadas, más de un 50% en todos los casos. De tiendas en las que normalmente no compro en temporada "normal". Y que sé que podré ponerme mucho durante la primavera. Rebajas con cabeza.

Aquí van:

Chaqueta gris de manga corta, de Esprit:



Blusa de seda, manga tres cuartos, de Pepe Jeans (la había visto -y me la había probado en un par de ocasiones- durante la temporada, pero era demasiado cara. Y ahora la he encontrado al 60%. ¡Mía!):



Camisa blanca, de U*, de Adolfo Domínguez. Un básico, súper rebajado, entallada, que me queda como un guante.

16 ene. 2009

Voces dormidas

Voces dormidas fueron las de Paquita, Hortensia, Tomasa, Celia y las de tantas y tantas mujeres que tuvieron que callar, hacer cómo si nunca hubieran existido los hechos de los que fueron protagonistas y quedar relegadas a un simple nombre, con una condena, en un sumario oscuro.

Son las voces de las mujeres republicanas que fueron condenadas a penas de prisión, o a muerte, por ser hijas, esposas y madres de sus padres, maridos o hijos. Algunas fueron condenadas sólo por eso. Otras, además, por no aceptar que les relegaran a simples espectadoras de todo aquello que estaba destruyendo su vida, por ser sólo mujeres. Algunas tuvieron que soportar que les raparan la cabeza, les obligaran a tomar aceite de ricino y las hicieran salir así a barrer las calles mientras se les deshacían las entrañas y oían los insultos de sus antiguos vecinos. Muchas otras perdieron la juventud en la cárcel, sin saber qué había sido de sus seres queridos. Y hubo otras que perdieron la vida en un amanecer, de un certero y traicionero tiro en la nuca, en cumplimiento de una condena pronunciada en un juicio sumarísimo que no tenía posibilidad alguna de recurso. Te callas o mueres. Mueres y callas.

Todas esas voces, silenciadas durante años, las despertó Dulce Chacón en 2002, cuando publicó “La voz dormida”. En esta novela, muy bien documentada y que a veces parece un reportaje, devolvió la voz, que algunos habían intentado acallar para siempre, a las mujeres que sufrieron en su propio cuerpo el frío de las cárceles franquistas.

A mí, “La voz dormida” me ha gustado mucho. Igual porque mi familia estuvo en el bando de los vencidos en una guerra fraticida. Igual porque tuvieron que aprender a callar y a llorar en silencio. Igual porque es una historia bien contada y escrita de tal manera que llega y que consigue erizar el vello en algunos momentos.

Mi abuela siempre supo en qué fosa común estaba enterrado su padre, junto con siete vecinos más del mismo pueblo. Pero nunca le dejaron llevarle flores. Aún ahora, ni a ella ni a los demás familiares de los muertos les han permitido dejar constancia en una lápida de los nombres de los ocho hombres que fueron asesinados juntos y yacen juntos desde un día de abril de 1938.

Por su parte, mi abuelo sólo sabe que su padre fue fusilado cerca de Lleida. Los cogieron cuando volvían de Francia, después de haber creído las promesas de las octavillas que lanzaban los aviones franquistas sobre ellos. A él y a su madre que aún no sabía que estaba embarazada los dejaron marcharse, pero a su padre nunca más volvieron a verlo. Tampoco consta su nombre en ninguna sentencia, en ningún papel. Desapareció, sin más. Cuando aún podía y tenía suficientes fuerzas y ánimos, mi abuelo intentó saber en qué fosa, al lado de qué carretera o en qué cementerio, estaba enterrado su padre. Nunca llegó a descubrirlo. La gente no hablaba. Por vergüenza. Por temor. Porque hay quien considera que estas historias deben olvidarse: si se olvidan parecerá que nunca han existido. Pero hay quien no puede, quien mientras viva seguirá recordando, día tras día, las últimas palabras que le dirigió su padre. Y necesitará que los demás sepan que su padre vivió, que existió, que tenía un nombre. Y que le mataron por nada.

15 ene. 2009

El mejor trabajo del mundo

El gobierno de Queensland, Australia, tiene una vacante. Yo creo –y como yo los miles de solicitantes- que es el mejor trabajo del mundo. Porque… ¿a quién no le gustaría trabajar en ese paraíso?

Y, además, cobrar 105.000 dólares por seis meses de trabajo, a partir del 1 de julio. El alojamiento está incluido (casa de 3 habitaciones, 2 baños, piscina y terreno de golf…), y el transporte hasta llegar a la isla, también. Y eso, ¿a cambio de qué? Pues nada del otro mundo: ser celador de la Isla de Hamilton, en la Gran barrera de coral. Y ser celador consiste en tomar fotos y actualizar un blog una vez por semana. Y bucear. Y nadar. Y de vez en cuando hablar con los medios de comunicación, promocionando la isla.

Ayer leí la noticia en El Periódico. Lo anunciaban como “el trabajo ideal para los vagos”. Bueno, pues yo quiero ser vaga. No me importaría perderme medio añito en esta isla. En absoluto. ¿100.000 dólares a cambio de actualizar un blog, tomar fotos, promocionar la isla, tomar el sol, disfrutar de un paisaje bellísimo?

El llamamiento ha tenido un éxito brutal, y ayer llegó a colapsarse la web a la que se tiene que mandar un vídeo-currículum, que tenía más de 25.000 visitas por hora. Es para pensárselo, ¿no?

Hay tiempo para apuntarse hasta el 22 de febro. Aquí:

http://www.islandreefjob.com/

13 ene. 2009

De Tenochtitlan a Leupp

De pequeña tenía una gran capacidad de evadirme del mundo que me rodeaba. Para mí era suficiente con tener un libro entre manos, cualquiera, para volar bien lejos del sofá, de la cama o del jardín de casa. Leyendo viajé muchísimo. Hacia el pasado, hacia mundos mitológicos e imposibles, poblados por dioses con pasiones muy humanas y muy poco divinas, que sufrían por amor, que odiaban y que se vengaban de sus enemigos. Pero también caminé del bracito de Sherlock Holmes por las calles de una Londres victoriana, húmeda y gris, tomada por una espesa niebla que escondía a peligrosos asesinos. Y alguna que otra vez también me dejé tentar por un paseo por el futuro, aunque ese tipo de viajes no me atraían tanto.

Entre muchas otras historias, recuerdo con especial cariño un libro de aventuras –me es imposible acordarme de su título-, que me llevó directamente a la majestuosa y lejana Tenochtitlan, capital de los aztecas, antes que los españoles exterminaran a sus habitantes. Antes que ellos desembarcaran en busca de un Dorado que no existía, con Hernán Cortés a la cabeza, yo ya había paseado por sus avenidas, había conocido a sus gentes y había presenciado sus sacrificios humanos. También fui testigo de su exterminio, en manos de españoles y enfermedades de importación, y del inicio del olvido de su cultura.

Todo eso, sin salir de casa. Ahora, sigo leyendo. Y sigo conociendo sitios a los que nunca he estado, y que quizás nunca visitaré. Pero también tengo otra forma: Internet.

Soy capaz de imaginarme mi vida sin Internet, porque recuerdo mi vida anterior, cuando aún no existía (y aquí me doy cuenta que tengo una edad, porque ya hay una generación detrás de mí que ya no ha vivido sin Internet). Pero también reconozco que ahora tengo mucho más acceso a la información y que mi vida es más fácil. Además, Internet me entretiene. O me hace perder el tiempo. Depende de cómo se mire.

Pero imaginemos una tarde de estas pasadas vacaciones de Navidad. Frío, mucho frío en la calle. No apetece salir a dar una vuelta y sí quedarse acurrucada en el sofá. En la tele, sólo películas vistas mil y una veces. Enciendo el portátil y me conecto a Internet. Intento consolarme y busco ciudades del mundo con temperaturas más bajas. Estamos casi a la par que Praga, Budapest y Moscú. Pero donde me encantaría estar de verdad es en El Cairo. Me voy para el sur, y por aquellas cosas busco la temperatura de Lepe. “Lepe no existe. ¿Quizás quiso decir Leupp?”. No, pero… a ver en Leupp… En aquel momento también tenía una temperatura bajo cero. Y me pregunto ¿dónde está Leupp? Voy a la Wikipendia. Leupp es un pueblecito de unos 900 y poco habitantes, situado al oeste de Estados Unidos, poblado por navajos. ¿Navajos? A ver… sigo leyendo, saltando de página en página. Se encuentra en la llamada “nación navaja”, con unos 180.000 habitantes, que tiene cierta capacidad de autonomía y una situación administrativa compleja porque está situada en territorio de varios Estados. Pienso algo parecido a "muchos para cortar y poco para pinchar". En algún párrafo, Wikipendia habla de la “reserva” navaja. No me gusta nada esta palabra, y me recuerda cosas que ya he leído al respecto. Me vienen a la cabeza palabras como vergüenza, esconder, alcohol, indignación…

Ya puestos, quiero ver el terreno. Y busco Leupp en el Google Earth. Veo un paisaje desolador: una foto de una casa destartalada en medio de un desierto. No se ven bien las calles del pueblo. Aquello es la nada. Situado dentro del parque del Gran Cañón del Colorado, pero la nada, un rincón perdido en el mundo.

Aquella tarde yo seguí viajando. Dejé Leupp y me paseé por el Gran Cañón. Y luego me lié con los cráteres provocados por meteoritos (el Google Earth, ya se sabe...) y acabé saliendo al espacio exterior. Pero, de todo, me quedo con Leupp.

9 ene. 2009

Premio Symbelmine

Hace unos días Parsimonia me concedió el Premio Symbelmine. Se trata de un premio con historia incorporada:

"Symbelmine son aquellas flores que, según Tolkien, crecen sobre las tumbas de los reyes Rohirrin. Flores también conocidas como "no me olvides". La idea es otorgar este premio en agradecimiento a los blogs, premiando su trabajo y como un motivo más para estrechar lazos existentes, para que así, no nos olvidemos de esos blogs que hacen que cada día queramos seguir haciendo lo que hacemos".


No está nada mal la finalidad del premio, ¿no? Creo que ya debo de haberlo escrito como mil quinientas veces (vale, estoy exagerando), pero si yo tengo un blog es gracias a otros blogs -y bloggers- que antes que yo empezara con el mío ya escribían los suyos y me "captaron", como si de una secta se tratara. Y está clarísimo que una de las motivaciones para seguir escribiendo el blog, a pesar que hay temporadas que no apetece tanto, ya sea por motivos personales, por falta de tiempo o por no tener nada que contar, son las visitas, los comentarios y el seguir manteniendo las relaciones creadas con los bloggers. Y crear otras de nuevas, claro. Es muy curioso ver cómo, poco a poco, van creándose redes de afinidades.

Las normas del premio son éstas:

1 - Elegir 7 blogs o sitios de Internet que por su calidad, su afinidad o cualquier razón hayan conseguido establecer un vínculo que desees reforzar y premiar con un premio y enlazarlos en el post escrito.

2 - Escribir un post mostrando el premio, citar el nombre del blog o web que te lo regala y notificar a tus elegidos con un comentario.

3 - Opcional: Exhibir el premio en tu blog.

Eso de elegir no me gusta demasiado. Porque elegiría a bastantes más, algunos de ellos ya premiados por Parsimonia. Pero ahí van mis premiados:

- El escaparate del bazar, de Maba. Porque es uno de mis blogs de visita diaria desde que empezó con el suyo, allá por febrero-marzo del año pasado. Me tiene "captada".

- Ibi. Porque la descubrí a través de los comentarios que dejaba en otros blogs (tiene el blog privatizado). Y es muy próxima, encantadora, buena gente. También me tiene "captada".

- Des d'on neixen tots els somnis, de l'Assumpta. Es un blog que descubrí recientemente (noviembre o así), gracias a sus comentarios en el mío. Y cada vez me gusta más. Tiene un poco de todo: historias, recuerdos, su día a día, relatos...

- Knook and go, de Mrs. Knook. La descubrí hace ya tiempo, saltando de un blog a otro. Gracias a ella he descubierto "The bagel shop", en Barcelona. ¡Nunca podré agradecérselo lo suficiente!

- En busca de la estabilidad, de Julia. Canaria, opositora a maestra, me descubrió ella a mí y poco a poco me ha ido "enganchando" a su blog, a su día a día, a sus viajes... El premio, también para ella.

-Premio también a Regina Exlibris, aunque tengo la intuición que ella no es muy dada a eso de colgar ese tipo de premios. Y, en ese caso, espero que el "no me olvides"/"no nos olvides" funcione y que ella siga actualizando su blog como hasta ahora, recomendando libros con su exquisito criterio y contándonos las novedades del mundillo editorial... A mí me ha descubierto a varios libros/autores magníficos. Y sin ella nunca los hubiera leído. ¡Gracias!

-Finalmente premio a mi "vecina", María short stories, porque tme tiene completamente tiene un estilazo genial. Y a ver si le arreglan pronto la cámara y vuelve a retomar el ritmo. ¡No nos olvides, María!.

7 ene. 2009

Tarde de ¿rebajas?

Hoy tenía la intención de actualizar el blog con un post muy distinto a éste, que ya tenía medio redactado, pero las cosas van como van.

Hace unos días me planteé mentalmente qué iba a comprarme en rebajas de una forma realista. Tengo el armario (vale, los armarios) hasta los topes de ropa que me gusta y me va bien (la que no me gusta o ya no me va, la doy) y estoy segurísima que tengo como mínimo 5-6 prendas con la etiqueta aún colgando. Y hay muchas otras que sólo me he puesto un par de veces. Me pasa lo mismo con los zapatos. Porque, además de comprar demasiado, me dura todo mucho, no se rompe nada (ni la ropa, ni los zapatos, ni las medias).

Soy consciente que durante las vacaciones de Navidad compré bastantes cosas que ya tenían descuento. Y esas cosas (chaqueta, botines, jerseys -sí, en plural- y camisetas -también en plural) eran las que debería haberme comprado por rebajas.

Total, que decidí que este año las rebajas de invierno no estaban hechas para mí. Y hoy me he reafirmado en mi decisión.

He salido de trabajar un poco antes de las 3 y he subido a pie hasta Plaza Cataluña. Porque que no me compre ropa no quiere decir que no pueda comprarme libros. He entrado a mi particular templo de la perdición, a la FNAC. Tenía un libro en mente, pero al hojearlo no ha acabado de convencerme, y cuando ya me iba he visto "Pollo con ciruelas", el único cómico de mi adoradísima Marjane Satrapi que no tenía. Y me lo he llevado.

Al salir, he cruzado por Massimo Dutti (tiene dos entradas) y... si tenía pocas ganas de comprar, ahora tengo ninguna. Parecía que hubieran pasado por allí Atila y sus hunos, los visigodos que arrasaron Roma y Gengis Khan y sus mongoles, todos a la vez. El suelo lleno de papeles. Ropa amontonada y desplegada de cualquier manera por encima de las mesas. Ropa colgando de cualquier manera de las perchas. Y una cola quilométrica para pagar. Sólo de verlo me ha agobiado.

He pillado el tren y durante el trayecto he leído "Pollo con ciruelas" (es que leo muy rápido y si se trata de un cómic, pues más). ¡Qué decepción! No me ha gustado. No tiene ni punto de comparación con "Bordados", que había comentado en su momento, o con "Persépolis", que me habían encantado ambos. Cuenta la historia del abuelo de Marjane, pero creo que está cogida con pinzas y sólo refleja aspectos casi anecdóticos de su vida. Y creo que haré algo que no hago casi nunca: devolveré el libro, porque no me apetece releerlo para darle una segunda oportunidad.

El tren me deja en pleno centro de Terrassa, así que, quiera o no quiera, tengo que pasar por delante de todas las tiendas. Y más de lo mismo: las de Inditex estaban arrasadas (Stradivarius, Massimo Dutti); Mango, igual, y lo de H&M no tiene nombre: si normalmente ya está desordenado, hoy aquello era el caos absoluto. Women's Secret estaba aún más arrasado y desordenado que el Massimo Dutti de Barcelona.

Conclusión: que es tiempo de rebajas. Y de carreras para llegar el primero. Y de bolsas. Y de ropa a montones. Y de tirar de Visa. Y, supongo, que del "rincón ordenado", con cosa de "nueva" temporada.
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Por cierto... que cuando he llegado a casa tenía 3 cartas: la factura del móvil, la factura del gas (sí, sólo se acuerda la gente de mí para pagar, pagar y pagar) y una carta del gimnasio (o para darme malas noticias) . Han "decidido suprimir el servicio de toalla y no aplicar el incremento de la cuota correspondiente al año 2009". Eso sí, para quien quiera seguir "gozando" de este servicio van a contratar un servicio externo (hasta ahora había una chica que se encargaba de lavar, planchar y dar las toallas) que se pagará "a precio de coste" de 0,6€ por toalla. Razones: subidas contínuas en los suministros de agua, gas y electricidad. Un poco-bastante-mucho morro tienen. Estoy segurísima que si el IPC hubiera subido un 4,2%, como el año pasado, y no un 1,5% de este año (o eso dicen), hubieran subido la cuota igual, hubieran echado a la calle a la pobre chica de la lavandería y nos hubieran puteado igual. Porque la cuota de este gimnasio en concreto no tiene nada, absolutamente NADA, de barata. Con lo poco que voy y con el cabreo que llevo ahora mismo, estoy por desapuntarme.

2 ene. 2009

¡30 años! (reeditado)

Reedito el post y escribo aquí al principio para decir que Eva Santana, la autora de "Ja en tenim 30!" se ha puesto en contacto conmigo vía e-mail (!!!!!!). Así que tengo noticias frescas. Tiene publicados más libros, pero son mayoritariamente para público adolescente. Para adultos tiene publicado "El pis o la vida" ("El piso o la vida"), que no es una novela pero que está escrito en el mismo tono divertido que tiene "Ja en tenim 30!" y muy pronto Jovita Martí, la protagonista de "Ja en tenim 30!", que no lo había dicho pero es periodista de profesión, tendrá su propia columna en la revista Time Out Barcelona, así que ¡al loro!
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Ayer me leí el primer libro del año. "Ja en tenim 30!", de la escritora catalana Eva Santana. Es uno de esos libros que se leen muy rápido y, precisamente por ese motivo, intento evitar comprármelos. Porque son de consumo rápido y, normalmente, de olvido rápido. Se parecen mucho unos con otros, todos siguen una pauta parecida y hacen que se cumpla a rajatabla aquello de "leído uno, leídos todos". Pero son tremendamente adictivos. Ayer mismo, no supe exactamente cómo, pero me encontré que estaba enganchadísima al libro, quería acabármelo ya. Y hasta que no terminé, no paré.

Cuando me lo compré (un autoregalo de Navidad), ya sabía que me pasaría eso. Que me engancharía. A pesar de saber ya desde el principio cómo acabaría la historia. Y entonces, ¿por qué lo compré? Hay varias razones. La primera, la portada. Es original y eso ya hizo que mi mirada se parara en él. Un bolso "radiografiado", con un T-10, un móvil, una agenda... en su interior, guardado de cualquier manera. Podría ser perfectamente mi bolso. La segunda razón: el título. "Ja en tenim 30!" (¡Ya tenemos 30!). Como yo, que hace un par de semanas los he cumplido. Era imposible no sentirme (algo-bastante-mucho) identificada con las protagonistas del libro.

Porque tanto Jovita, como María, como Joana, como Raquel y como Rita, juegan en "mi" división. Acaban de cumplir 30 años, viven en Barcelona, quedan para comer al mediodía al Carmelitas (como yo), quedamos a las mismas horas y a los mismos sitios y compartimos algunos de los mismos problemas y preocupaciones. Y las mismas amigas que tiene Jovita, las tengo yo. Evidentemente, también yo estoy "enganchada" al Facebook, y he salido con gente a la que he conocido por internet. De mileuristas conozco a unos cuantos; de gente que para independizarse tiene que compartir piso con los compañeros más insoportables del mundo también conozco a unos cuantos; de gente que tiene miedo al compromiso y se pegan contínuos batacazos conozco a otros cuantos, y de gente de mi edad casada ya desde hace años y con un par de niños y que se niegan a ver que su realidad no es tan de color rosa como quieren aparentar, también conozco a unos cuantos (menos).

Así que sí, caí totalmente enganchada. A pesar que terminó como yo ya sabía. Como todos los de Marian Keyes, que devoré hace unos cuantos años. Y como bastantes más que he comprado o me han dejado y he leído en una tarde. Pero en este caso, Jovita no vive en Nueva York, ni en Londres, ni viste prendas carísimas, ni disfruta de fines de semana de lujo, sino que vive en Barcelona, pisa las mismas calles que yo piso, compra su ropa en Zara, come en los mismos restaurantes que yo... y tiene 30 años recién cumplidos. Como yo.

Por si a alguien le interesa, el libro está publicado por Editorial Columna y creo que no está traducido al castellano. A Eva Santana yo no la conocía, pero tiene más libros de ese tipo y creo que... ¿igual caerán? Veremos...