3 dic. 2008

Panteras negras

No se sabe en qué pensó el fundador de la empresa cuando decidió llamarla “Panteras negras”. Pero así se quedó. Con el paso de los años aquella empresa que en sus inicios sólo se dedicaba a hacer mudanzas con un camión más bien destartalado fue creciendo. El primer camión fue jubilado y se sustituyó por una flota mucho más moderna. La empresa creció y empezaron a realizar mudanzas internacionales.

El negocio familiar pasó del padre a los hijos. Y estaba ya a punto de pasar a manos de las hijas del primogénito. Tenían grandes ideas: querían diversificar el negocio, tocar muchas más teclas, ser mucho más vistas y conocidas. No eran ni sigilosas, ni cuidadosas ni especialmente listas y sagaces, pero creían que con ellas “Panteras negras” iba a funcionar mejor que nunca.

Rosa y Marta eran dos hermanas, gemelas. Habían nacido y crecido entre algodones, pero la belleza no las había acompañado nunca, ni de pequeñas. Demasiado lloronas y demasiado consentidas. Sólo tenían que pedir o tender la mano y el objeto que deseaban pasaba a ser suyo. Ya de pequeñas, demostraron día tras otro que eran pequeñas déspotas, pero las rabietas infantiles se les perdonaron, porque hacían gracia. Ahora, de mayores, seguían siendo déspotas, y también volubles, caprichosas e irascibles y ya no hacían gracia. Su padre quería ya jubilarse y ellas, tal y como siempre habían sabido, llevarían el negocio. Dar órdenes e imponer su voluntad se les había dado bien siempre. Trabajar ya era cosa de otros.

Llegó el día en que iban a tomar las riendas del negocio. Se presentaron juntas, un deportivo rojo detrás de otro deportivo rojo. Rosa, la primera en nacer, bajó del coche. Zapatos de tacón de aguja imposible. Falda reapretada y corpiño negro aún más reapretado. Carne asomando por todos sitios. Labios pintados de rosa chicle y melena larga, teñida de color fucsia que empezaba a clarear. Marta, la última en nacer, salió también de su coche. También con zapatos de tacón de aguja imposible y un vestido reapretadísimo estilo años 50, una talla menos de la que necesitaba. También con una melena larguísima, negra con mechas de colores, y, como su hermana, labios rosa chicle. Demasiada sombra de ojos, demasiado rimmel y demasiado colorete.

Contrajeron barriga y subieron las escaleras. Tenían ya los despachos preparados. Habían hablado ya un poco de por dónde tenía que ir el negocio y en los días siguientes acabaron de concretarlo. Un mudanzero es un mudanzero, por mucho que se llame “Panteras negras”. Lo mejor iba a ser reorientar el negocio. Transporte de obras de arte. Eso sonaba mucho mejor. Arte. Artistas. Pintores. Obras. Museos. Inauguraciones. Glamour. Invitados. Sí, definitivamente, sonaba mucho mejor. Y mucho más especializado.

Como siempre, no escucharon a nadie. No quisieron oír consejos. Empezaron pintando los camiones. Blancos, con la pantera negra de siempre enmascarada, pero con el nuevo nombre: “Panteras negras. Especializados en Arte”. Arte. En mayúsculas. A continuación se gastaron una fortuna en hacer imprimir folletos en los que anunciaban sus nuevos servicios. Los mandaron a todos los museos, galeristas y coleccionistas importantes del país. Hicieron promoción comercial puerta a puerta. Pero los trabajos no llegaron nunca.

La flota de camiones estaba parada. Los camioneros, ociosos, pasaban el día en el bar del polígono. Los trabajadores que siempre habían cargado y descargado camiones y hecho y deshecho cajas se pasaban los días fumando, pitillo tras pitillo. Los uniformes nuevos negros que habían encargado siguieron sin estrenar.

Sin hacer ruido, de la misma manera en que se había creado, “Panteras negras” cerró. ¿La culpa? La crisis económica global. Es por todos conocido que cuando las cosas van mal la Cultura es la primera afectada. Rosa y Marta nunca se plantearon que experiencia, profesionalidad, seriedad, paciencia y un buen nombre son importantes para triunfar en el mundo de los negocios.

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Historia basada en algunos (pocos) comentarios reales escuchados de aquí y de allá. El resto, si coincide o acaba coincidiendo con la realidad, será cosa de la casualidad.

5 comentarios:

Casandra dijo...

Es que la crisis nos está afectando a todos. :o( De todos modos, dejando de lado la crisis, a veces uno empieza en un negocio sin saber nada y con el tiempo va aprendiendo mucho, es bueno dar tiempo a la gente de demostrar quién es realmente. ;o) UJN BESITO!!! :o)

- assumpta - dijo...

Cuantas veces sucede que un negocio familiar de larga tradición, hecho poco a poco, de la experiencia que cosechas con los años, ... etc. vienen los "hijos de papa" y con sus "nuevas ideas" se lo cargan a la primera de cambio. ... Pero tranquilos, que todo es culpa de la crisis.

julia dijo...

En ese tipo de historias falan dos cosas, el hecho de las niñas mimadas que no saben ni por donde empezar y no valoran lo que ha funcionado a lo largo de los años y un país que se va al garete.
En fin, yo tengo esperanza de que la situación mejore pero ¿cuando?
Me alegro de que estés mejor jeje, no es agradable ser patito mareado todo un día.
Un besazo.

maba dijo...

mi padre siempre dice: uno lo crea, los hijos lo continúan y los nietos lo destruyen (o algo así) pero en todo caso.. efectivamente..

la historia es bastante real... y cierta..

es muy importante ser consciente de las limitaciones de cada uno...y de dejar hablar a quien realmente sabe

muchos besos blau!

Lunatica dijo...

Se debe tenmucha entereza y caracter para tener una empresa. Aun en tiempos de crisis, las empresas siguen adelante y sólo las que mejores bien administradas estan son las que sobreviviran. Besos!