27 nov. 2008

Ir de profundo

Esta semana he terminado de leerme "La elegancia del erizo", de Muriel Barberry. Es un libro extraño y bastante curioso. Me ha gustado bastante, aunque tiene trozos que, al menos para mí, son un poco tostón. Pero destila una fina ironía que me encanta, y más de una vez debieron sorprenderme con una media sonrisa bobalicona asomando por los labios mientras leía en el tren o en el bar de los desayunos.

La historia la cuenta Renée, una portera viuda de unos cincuenta años que se esfuerza por parecer que es como se presupone que son las porteras. Permanentemente hurañas. De inteligencia más bien escasa. Pero no es lo que parece. Es lista y muy culta. Hay otra narradora: Paloma, una chica de 12 años superdotada, hija de un ministro francés que vive en el edificio que cuida Renée. Ella es superdotada, pero también se esfuerza en hacer ver que no lo es. Toda esa ocultación, ese parecer lo que no es y decir lo que no se piensa, acabará con la llegada de un nuevo habitante en el edificio que las desarmará.

Paloma, la chiquilla superdotada, lleva un diario secreto de "Pensamientos profundos". Hace un rato estaba pensando en los pensamientos profundos de la gente. Bueno, no tanto en los pensamientos profundos, sino en la gente que va de profunda. Paloma esconde sus pensamientos, se los guarda para ella... pero esa gente, los que van de profundos, viven para pronunciarlos (y muchas veces por su boca salen soberanas tonterías). Y se convierten en el centro de atención. "Yo creo", "Eso significa", "En la vida", "Un día que estaba fumado tuve una revelación"... buf, no los soporto. Es que a mí según qué pensamientos profundos me aburren. Será que yo asocio profundo a algo interior, y si es interior se lo tiene que quedar uno para él mismo. Cuando se exterioriza deja de ser profundo y pasa a ser pretencioso, petulante, engreído.

A ese tipo de gente yo los catalogo como "los que van de profundos". Para mi hermana son "los que van de guays". Y tengo un amigo que cuando habla de ellos les llama "los que van de bohemios". Da igual como se los llame, profundos, guays, bohemios o lo que sea. Lo que importa es que "van de". No son ellos. Se presentan bajo una máscara falsa. Al revés de lo que hacen Renée o Paloma, que quieren pasar inadvertidas. Para los que "van de" lo importante es mostrarse, que los vean, que los oigan. ¿Finalidades? Bueno, yo sé de uno que lo utiliza para ligar. Para mi es un auténtico pelma, un coñazo de tío que cuando actúa así me da bastante pena y mucha más grima, pero se ve que le funciona. Claro que luego todo queda en nada. Y supongo también que todo eso va ligado a las inseguridades que tiene cada uno. Pero a mí esa gente no me gusta. Ni los que "van de", ni los fantasmas ni la gente con múltiples caras.

Con gente así en el mundo, no me sorprende nada la actitud de Renée y de Paloma. Más vale convertirse en un elegante erizo, que a primera vista pincha con sus púas, pero que por dentro es cálido, rosado y mucho más amable.

25 nov. 2008

Meme (V, creo): yo con verbos

Hace ya bastantes días, Julia, de En busca de la estabilidad, me nominó a un meme. Se trataba de contar 7 cositas sobre mí. Como que me quedé sin portátil y entré de pleno en mi particular "semana horribilis", el meme fue quedando atrás, pero yo recordaba que lo tenía pendiente. Hoy, Julia ha publicado en su blog un nuevo meme. No ha nominado a nadie, pero ha dicho expresamente que si a alguien le apetece hacerlo, pues adelante. Y a mí me gusta más este que el otro. Y como que en ese cuento más de 7 cosas sobre mí, pues… que lo cambio. ¿Sí? Pues ahí voy.

Yo tengo… umm, ahora mismo tengo unas ganas locas de llegar a casa, quitarme los zapatos de una patada, estirarme al sofá y que alguien me prepare la cena.
Yo digo… que a ese paso lo que fue una "semana horribilis" se está convirtiendo en un "mes horribilis". Diciembre, por favor, llega ya. Si es lo que digo, las semanas con 5 fines de semana no son buenas, y no tan solo por mi economía.
Yo pierdo… las cosas, cuando las necesito (las llaves, las gafas… la cabeza). En el trabajo, los expedientes. Últimamente aparecen en el contenedor de reciclar papel que tengo al lado de mi mesa. Sí, ya sé, soy yo, pero no me acuerdo. ¿Pierdo la memoria? Ummm… el subconsciente, que me traiciona (porquería, a la basura).
Yo necesito…. Que llegue diciembre, para poder irme a Londres unos días y para tener otros días de fiesta para descansar.
Yo debo… dinero, por suerte, no, no debo. Debo hacer unas cuantas cosas pendientes: planchar (los montones de ropa y yo somos enemigos irreconciliables), hacer de cocinitas (encerrarme una tarde en la cocina y avanzar la comida para toda la semana. Cuando termino me siento súper bien conmigo misma. Claro que hace semanas que no me siento bien conmigo misma… ).
Yo temo… pues como Julia, perder a los que quiero. Y también no decir lo que siento cuando lo siento, quedarme callada cuando debo hablar...
Yo creo… que no hay mal que mil años dure. Por suerte.
Yo sé… que hay veces que no sé nada. O que lo que sé no sirve. Así que es como si no supiera.
Yo lloro… bastante poco, la verdad. Y si tengo que hacerlo, intento que no sea con público alrededor.
Yo canto… mal, muy mal. De verdad, no es lo mío.
Yo río… por cosas absurdas. La última vez ha sido hace unas horas, en un bar mientras me tomaba un café y estaba leyéndome un libro. Me he dado cuenta que estaba riendo sola del libro. ¡Qué vergüenza!.
Yo miento… nunca. ¡Uy! Acabo de hacerlo. En serio, mentiras piadosas sí, como todo el mundo.
Yo vivo… intento hacerlo como quiero, aprovechando los días y los momentos. Pero hay veces que el "como quiero" se convierte en "como me dejan".
Yo bebo… últimamente, de alcohol poquísimo. Agua, mucha.
Yo pienso… que hay algunas cosas que quiero cambiar de un aspecto muy concreto de mi vida. Pero de momento, sssshhhhtttt, secreto.
Yo escucho… si lo que me cuentan me interesa, con muchísima atención. Si no me interesa, hago ver como si me interesara muchísimo, pero yo en mi mundo. Que no me pregunten luego qué me estaban contando.
Yo como… intento hacerlo bien, de forma saludable y tal. Pero el picoteo, tanto de dulce como de salado (soy tan poco selectiva!) es mi perdición y el gran culpable de mis kilos de más.
Yo disfruto… en buena compañía, con un buen libro, con una buena película, haciendo cosas que me gusten…
Yo aprendo… algo cada día. Hoy he aprendido que una abeja reina copula con al menos 15 abejorros machos, uno detrás de otro. Todos ellos mueren porque su "miembro" queda dentro de la reina, que los castra al acabar el coito. Ya puedo irme a dormir…
Yo olvido… lo que no me interesa, a toda velocidad. Algunos temas de la oposición los olvidé al momento de salir del examen, por ejemplo.
Yo hablo… intento no hacerlo si no sé de qué va la cosa. Es la mejor forma de evitar meteduras de pata.
Yo compro… ropa y libros. Son mis dos grandes adicciones confesables. Aunque intento controlarme, sobretodo con la ropa.
Yo veo… ahora mismo una mesa llena de post-its con notas y recordatorios de cosas que, sinceramente, no me apetece nada hacer.
Yo quiero… uy, ya lo he dicho un poco, no? A cortísimo plazo, estirarme en el sofá y que alguien cocine para mí. A medio plazo, irme a Londres a pasar frío. A largo plazo no lo había dicho, pero quiero que los momentos de felicidad estén mucho más presentes que los otros. Normal, ¿no?
Yo soy… una persona muy desordenada a primera vista (pero, ojo, que en este desorden está "mi" orden), un poco lunática (porque me interesan muchas cosas sin conexión aparente y me da una terrible pereza explicar las conexiones a gente que realmente no le importa) y bastante contradictoria (eso, como la vida misma). Eso sí, yo tengo muy claro cómo soy y lo que quiero. Pero contarlo, cuesta.

Como Julia, no voy nominar a nadie. Pero si alguien quiere hacerlo, adelante, el meme es todo suyo.

También fue Julia quien, aún hace más días, me dio un premio. Como todos los premios, me hizo especial ilusión. Mil gracias de nuevo, Julia.

Decidir a quién dárselo es complicado. Porque se lo daría a muchos blogs: a Démo con su Todo un Punto, que han vuelto esta semana; a Gema y su Alegría; a Cristina y su En Barcelona; a Casandra y su Certificado de existencia; a Aïcha y su Only Hope; a Knook y su Knook and go; a Isa por su Isablog; a Tam y su Con los cuatro; a Mariló y su Página en blanco; a Maba y a su Escaparate del bazar. Ésos por citar a algunos, pero para mí pueden darse por premiados todos los blogs que tengo linqueados en mis "favoritos".

23 nov. 2008

20 de noviembre: 20 años

El pasado jueves era 20 de noviembre y se celebraron los 20 años de la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Yo tenía pensado publicar este post aquel día, pero no pudo ser. Mi "semana horribilis" de la que hablaba en el post anterior acabó convirtiéndose en una "quincena horribilis" y hubo cosas que tardaron más de la cuenta en ser solucionadas. ¡Pero al menos se solucionaron! No está del todo, pero digamos que "estoy en el camino correcto", o "progreso adecuadamente".

Bien, al tema. El 20 de noviembre yo me sumé a la fiesta y fuí a unas "Jornadas sobre Infancia". Esperaba encontrarme una cosa y me encontré con otra totalmente distinta. Me decepcionaron un poco, la verdad. Sólo reiteraron una cosa, que yo ya pensaba, que valió la pena.

Muchas veces se acostumbra a ver a los niños sólo como titulares pasivos de los derechos (tener derecho a...una atención correcta, a la educación, a unas condiciones de vida que les permitan forjarse como personas...). Pero no se piensa en ellos como titulares activos de derechos. Y en los países desarrollados (lo que sucede en el Tercer Mundo es otro tema completamente distinto, allí los derechos son simples palabras en papel mojado) es hacia dónde debería irse. No deberíamos de pensar en los niños como personas distintas a nosotros, con derechos distintos (o de menor importancia). Por lo tanto, si quieren reclamarlos, deben poder hacerlo. En definitiva, se trata de escucharles, de saber qué quieren, de que su opinión sea válida. Igual así la opción de la chica inglesa que ha renunciado a seguir un tratamiento no nos sorprendería tanto. Siempre con límites, eso sí, pero deben tener la oportunidad de ser tomados en serio, de reunirse si quieren, de poder hacer muchas más cosas que no choquen con el mundo adulto. Que dejen de ser vistos como "pequeñas personas" para convertirse en "personas" a secas.

En otros países no tiene ni sentido plantearse que los niños son titulares "activos" de derechos. Allí tienen que reivindicarse sus derechos básicos desde el inicio (a la vida, a la integridad física, a su pleno desarrollo, a la educación, a unas condiciones de vida dignas...). Los suyos y los de sus padres. No a la explotación sexual de niños y niñas. No al trabajo infantil. No a los niños guerreros. No, no y no.

Hace no demasiados días vi una fotografía de un niño africano sosteniendo una arma casi más grande que él. Luego, en el tren, seguí pensando en la foto y mi imaginación voló.

"Recordaba que siempre había pasado hambre. Él y todos sus hermanos. Pero él había sido más fuerte. O igual sólo había tenido más suerte. Cerraba los ojos y veía a sus hermanos desnutridos, inmóviles, llenos de llagas y cubiertos de moscas que ya no tenían ni fuerzas para espantar. Y veía a su madre, delgadísima, con las cuencas de los ojos hundidas, con una mirada que ya estaba muerta en vida. No hablaban. Sin esperanza, permanecían estirados en el suelo.

Hay un periodo de tiempo que se pierde en su memoria. Murieron todos sus hermanos y su madre. Su padre ya nunca estuvo. Todo eso no se lo ha contado nadie, no es necesario, peró él lo sabe. Y él despertó en una tienda en las montañas. Junto a él, más niños. Ninguna niña. Los que les daban de comer no les hablaban. No eran amables, no preguntaban, no explicaban. Pero tenían comida. Y ellos comían. Y se recuperaban.

Todo en su vida tenía un precio. Y cuando pudo andar le dieron una metralleta. Pesaba y le costó aprender a sujetarla. Pero los golpes que recibió y el recuerdo del hambre lo convencieron. A él y a los demás niños. Cuando tu vida no ha valido nunca nada, tampoco das valor a la vida de los demás. Así que aprendió a disparar. Primero sólo a disparar; después a dar en el blanco.
Tenía sólo 8 años y muy poca vida por delante. La metralleta, su hombro, y su brazo y mano derecha se convirtieron en uno sólo. Su mirada, vacía y fría. Ilusiones, ya nunca había tenido. Esperanza, tampoco. El disparo que acabó con su vida no le causó dolor. Sus ojos, abiertos, mirando al cielo."

18 nov. 2008

Semana horribilis

Esta de hoy es una entrada rápida. Escrita a vuelatecla. “Vuelatecla”. Me encanta esa palabra. No existe en el RAE, por cierto. Me sugiere… me sugiere, sí, un teclado desintegrándose…

Al tema, que es una entrada rápida (y se supone que corta). Hay gente que tiene malos días. La Reina de Inglaterra hace unos años tuvo un “annus horribilis”. Y yo, la semana pasada tuve una semana “horribilis”. Pues sí, ni un día malo, ni dos, ni tres… No. Tuve todos los días malos. O más malos que buenos.

En resumen:

- Volvió a estropearse la caldera de la calefacción. Tenía una garantía de dos años, y fue cumplirlos y empezar a escacharrarse. En dos meses, dos veces. Pero esa vez fue con total alevosía. El día que llegué a casa más tarde de la semana, el día que hizo más frío de toda la semana. Escogió ese día. Nunca agradeceré lo bastante a la teleoperadora pesada que me llamó el año pasado para ofrecerme que contratara el servicio ServiGas. Y por aquellas cosas de la vida no me apeteció colgarle el teléfono y, sin pensarlo demasiado, lo contraté. Menos mal.

- El móvil nuevo cayó dentro un vaso de agua (lleno de agua, claro). Ya sé, sueña extraño, pero es posible. Ingredientes: móvil nuevo (si es viejo no sucederá nunca), barra americana en la cocina, un vaso de agua lleno en el fregadero y una pava medio adormecida y bastante torpe (yo). Hora: las 6:30 de la mañana (en otra hora tampoco sucede). La pava tiene que estar desayunando, sentada en el taburete al otro lado de la barra. El móvil, encima de la barra. La pava tiene que estar haciendo como que lee el periódico de 4-5 días anteriores. Y al pasar las páginas, rozar como quien no quiere la cosa el móvil… y ¡plof!. Increíble pero cierto. El móvil estará ahogándose en un vaso de agua.

- Mi queridísimo portátil (y eso, que es queridísimo, no me he dado cuenta hasta que lo he perdido, como tiene que ser, que se echan de menos las cosas/personas cuando no están) ha muerto. Bueno, igual no ha “muerto” aún de forma total, pero no lo puedo utilizar, no hay manera humana de usuaria normal que se reinicie. Está en fase terminal, esperando un transplante de no se sabe aún bien qué órgano y alguna operación a concretar por el correspondiente cirujano de turno. Yo creo que el cirujano de turno probará aquello del “ensayo y error”. Si sale, sale. Si no sale, a seguir probando.

¿Conclusiones? Bueno, la caldera se arregló en un periquete, pero el técnico ya me dijo que cuando empiezan a fallar siguen fallando regularmente, y que fuera pensando en cambiar algunas piezas. El móvil se salvó. Tuve que escurrirlo, sacar la tarjeta y la batería y secarlo con el secador de pelo, pero se salvó (tengo experiencia en ahogar móviles nuevos) y de momento parece que sigue funcionando. El portátil sigue en la UCI, y allí estará por no sé cuánto. Igual sobrevive o igual no. Si la operación prevista va bien, mañana igual ya tiene el alta. Si no, creo que mi ritmo de actualizaciones del blog bajará.

Esta semana, por fuerza, irá mejor. Es imposible que sea peor.

13 nov. 2008

Los que callan

Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”. Con esta frase, atribuida a Voltaire, se resume perfectamente qué significa la libertad de expresión. Poder opinar libremente, sin miedo a represiones y a censuras.

En nuestros tiempos esto debería estar superado. Se trata de una de las libertades básicas en cualquier estado democrático. Pero es que hay tantísima intolerancia en el mundo que, lamentablemente, no es así.

De unas semanas para acá están saliendo en los medios de comunicación distintas noticias sobre historias personales prácticamente idénticas. Con distinto nombre y distinto lugar de procedencia, pero esencialmente idénticas.

Por un lado tenemos a Roberto Saviano. Es un joven escritor napolitano, de tan sólo 29 años, que en 2006 publicó “Gomorra”. El libro retrata perfectamente la Camorra italiana, con datos reales, nombres y apellidos. Fue un superventas y ha sido recientemente llevado a la gran pantalla (la película recibió el gran premio del Festival de Cannes de este año, y el pasado fin de semana Saviano se encontraba en España, presentando el filme). Él recibió primero llamadas anónimas; luego, amenazas de muerte, y finalmente ha terminado por llevar escorta policial las 24 horas del día. Desde que se supo que la mafia planeaba un espectacular atentado contra él y su escorta, vive fuera de Italia.

Por otro lado tenemos a Sherry Jones. La importante editorial estadounidense Random House le había encargado un libro sobre Aisha, la segunda esposa del profeta Mahoma. Cuando fue el momento de publicar la novela (de carácter histórico con tintes románticos), Random House canceló el contrato. ¿La razón? Miedo a posibles represalias por parte de integristas islámicos. Finalmente la novela ha sido publicada por editoriales pequeñas con el nombre de “La joya de la medina” y ha acabado siendo vapuleada por las críticas de aquellos que creen que no refleja la realidad. La casa del editor de la novela en Inglaterra fue atacada.

También tenemos al autor chino Ma Jian, que está ahora mismo promocionando su libro “Pekín en coma” en España. Ayer La Vanguardia y ABC publicaron una entrevista suya, y hoy lo hacía El Periódico. En este libro denuncia los métodos brutales de represión que utiliza el régimen chino, que él vivió en su propia piel en la protesta de Tiananmen, hace 20 años. Ma Jian vive exiliado en Londres y sus libros están prohibidos en China.

Son tres escritores que están ahora mismo en la palestra pública. Pero ha habido muchos más.

Uno de los más famosos es Salman Rushdie. Desde que publicó en 1988 “Los versos satánicos”, que según los fundamentalistas islámicos ridiculiza a Mahoma, está amenazado de muerto y se encuentra bajo protección del gobierno inglés las 24 horas del día. El ayatolá Jomeini lanzó una fatwa (una condena) contra el escritor y llegó a ofrecer una recompensa de 3 millones de dólares para quien lo matara. Hace ya unos años, con Jomeini muerto, el gobierno iraní dijo que ya no perseguía la muerte de Rushdie, pero los más fundamentalistas siguen considerando que la fatwa no ha sido revocada porque sólo puedo hacerlo el mismo que la ordenó. Y Jomeini hace años que está muerto.

Salman Rushdie también vive en Londres, permanentemente protegido, y nunca han conseguido atentar contra él. Pero su traductor al japonés fue asesinado en Tokio; el italiano, apuñalado en Milán, y su editor noruego fue tiroteado.

También Nawal al-Sadawi, escritora egipcia, ha sido perseguida en su país natal durante años debido a sus libros y ¡artículos médicos! sobre la situación de las mujeres en el mundo. Llegó a pasar dos años en prisión y también se exilió en Londres. Ciertas organizaciones islámicas de carácter integrista han prohibido sus libros.

Roberto Saviano, Sherry Jones, Ma Jian, Salman Rushdie y Nawal al-Sadawi son sólo cinco nombres con sus apellidos. Ha habido muchos más a lo largo de la historia, en la que ha habido quemas de libros –y a veces de sus autores- porque no gustaba lo que decían. Pero que esto pase en la actualidad es bastante preocupante. Nos llenamos la boca con palabras bonitas como solidaridad o libertad, pero muchas veces se quedan en sólo palabras y los censores, los avasalladores y los represores siguen censurando, avasallando y reprimiendo.

11 nov. 2008

Käthe Kollwitz

Este pasado verano, cuando visité Berlín, contraté una visita guiada. El guía, en un recorrido interesantísimo, nos llevó a ver “Die Neue Wache” (“La nueva guardia”), en Unter den Linden. Ese edificio sólo alberga una estremecedora reproducción de una “Madre con hijo muerto”, de Käthe Kollwitz. La estatua parece una Piedad, pero aquí, en lugar de ser la Virgen la que sostiene en sus brazos a Jesucristo muerto, es una madre anónima la que sostiene en brazos a su hijo, un soldado, muerto.


Käthe Kollwitz fue una pintora, escultora y artista gráfica alemana. Nació en 1867 y murió en 1945, muy poco tiempo antes de que acabara la Segunda Guerra Mundial. Vivió las dos grandes guerras y sufrió sus consecuencias en primera persona. En 1917 murió uno de sus dos hijos en el frente. Y durante la Segunda Guerra Mundial murió su nieto, también en una acción militar. Perder a un hijo, más tarde a un nieto, y ver cómo evolucionaba el mundo que ella conocía, la marcó. Evidentemente, todo eso se reflejó en su obra.

Todas sus obras desprenden tristeza. La “Madre con hijo muerto” que se encuentra en Die Neue Wache, a pesar de estar dentro de un edificio, se encuentra justo debajo de un agujero del techo. Si llueve, la madre se moja y parece que llora. Por la pérdida de su hijo. Por la absurdidad de otra guerra más. Y por tener que volver a sentir ese dolor desgarrador que ya había sentido anteriormente. Si nieva, la estatua puede aparecer cubierta por un blanco manto de nieve. Como tantos y tantos soldados que perecieron en la campaña rusa. Y el frío y la tristeza intentan colarse hasta sus huesos de piedra.

Die Neue Wache estuvo dedicada inicialmente a las víctimas del fascismo. Desde hace unos años es un monumento en memoria de todas las víctimas de la Guerra (en genérico) y de la tiranía de todo el Mundo. Casa mejor con el carácter pacifista de Käthe Kollwitz, que también había retratado a los pobres, a los desfavorecidos y a los obreros que malvivían con un mísero sueldo y luchaban por conseguir una mejora de sus condiciones laborales.

A partir de los años 30 la obra de Käthe Kollwitz estuvo prohibida, y ella no pudo exponer. Irónicamente, el régimen nazi utilizó algunos de sus dibujos para fines propagandísticos. La GESTAPO llegó a amenazarla con deportarla a un campo de concentración. Pero la presión internacional (era una artista reconocidísima) los detuvo. Vivió -eso sí- recluida durante la guerra, primero en su casa de Berlín y luego en Dresde, donde murió.

"La muerte agarrando a una mujer" es una litografía que hizo Käthe Kollwitz en 1934. Pertenece a una serie que llamó "Muerte". Deja bastante claro lo que intuía que sucedería y cuál era su estado de ánimo.

Hoy me he acordado de Käthe Kollwitz y de su “Madre…”. Estoy a punto de acabar de leerme “Una princesa en Berlín”, de Arthur R.G. Solmssen, que trata precisamente del Berlín de entreguerras, con una moneda que pierde valor minuto a minuto; con una creciente violencia protagonizada por sujetos con nombres y apellidos que se harían tristemente famosos (Hermann Goëring, Adolf Hitler…) y que empiezan a culpabilizar a los judíos de esa situación; con gente que intenta vivir al día, porque no saben qué sucederá mañana… Pues bien, el último capítulo empieza con la reproducción de un dibujo de Käthe Kollwitz. Triste y desesperanzador. Y claramente premonitorio de lo que sucedería en los años siguientes. No he podido evitar recordar Die Neue Wache y la “Madre con hijo muerto”. Y he vuelto a tener el mismo escalofrío que tuve durante aquella mañana del pasado mes de julio, cuando estaba delante de la estatua de Käthe Kollwitz, sintiendo yo también una tristeza absoluta por otra pérdida inútil.

8 nov. 2008

Galletas a los tres chocolates

Galletas a los tres chocolates. ¿Suena bien, no? Como mínimo suena apetecible. Goloso. Y demasiado calórico, pero eso a esas alturas ya da igual.

Todo eso lo pensé yo cuando vi la receta en una revista. También pensé que eran súper fácil de hacerlas. O eso parecía. Azúcar, harina, mantequilla, huevo. Y los tres chocolates: chocolate negro, chocolate con leche y chocolate blanco. Además, todo indicaba que no se ensuciaba demasiado. 15 minutitos de nada al horno y listas.

Y hoy he pensado: ésa es la mía. Estaba sola en casa, con muchas horas por delante y todo lo que necesitaba para hacer las galletitas a mano.

He empezado pesando las cantidades. Las he clavado a lo que decía la receta. He amasado con las manos. Luego venían los huevos. Un huevo y una yema. Eso ya me ha tocado un poco las narices. No me gusta tener que tirar parte de los huevos. De hecho, no soporto tener que tirar comida. Pero, nada, que como que era el primer día que hacía las galletitas, pues mejor seguir a rajatabla la receta.

Ummm... "Hacer una bola con la masa y reservarla en la nevera". ¿Una bola? ¿Con "eso"? ¡Imposible! Se me enganchaba por los dedos, tenía masa en las gafas, en la sudadera... Estaba demasiado "líquido". Y yo: fijo que es culpa de los huevos. La receta sólo habla de "un huevo y una yema". "Mis" huevos son camperos, y extra-grandes. Claro, demasiado grandes. Da igual... si tiene que ir a la nevera, a la nevera.

Pasado un tiempo prudencial, la saco. Está dura, pero no se puede hacer una bola con ella. Opto por pasar de hacer la bola y aplastar la masa directamente, para poder cortar. Ya no está dura. Se engancha por todos sitios. Imposible cortar nada. La masa tiene vida propia. Se engancha. Se arrastra. ¿La tiro? No... ya sé, hago bolitas y las aplasto con las manos. Igual así se salva. Vale... ¡Mierda! ¡No he tirado los tres chocolates troceados! Da igual... vuelvo a juntarlo todo, vuelvo a amasarlo y tiro el chocolate. Vuelvo a pringarme. Y vuelvo a hacer bolitas y a aplastarlas con la mano en la bandeja del horno.

Lo meto en el horno. 15 minutos. Se me queman las galletas por debajo. Las saco. Rompo la receta de la revista en mil pedazos y la tiro a la basura. Miro las galletas y estoy por tirarlas. Las huelo. Mal, no huelen. Huelen a chocolate. De momento, se salvan.



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Por cierto, ya sé que no viene a cuento. Pero tengo que decirlo. El Barça está que se sale (tengo puesta la tele, me ha acompañado durante todo el proceso desastroso que acabo de describir). Lleva 5 golitos, 4 de Eto'o. Perdón, Henry acaba de marcar el sexto.

El tío que retransmite el partido es gafe, por no decir otra cosa que también empieza por g, pero en sentido positivo (lo de gafe, no lo otro, se entiende). Justo Eto'o acababa de marcar el primero y va y suelta que "las estadísticas dicen que el camerunés marca un gol cada 80 minutos. Si el árbitro alarga el partido unos pocos minutos le va a dar tiempo de marcar otro". Sí, sí... Primer gol al minuto 12 aproximadamente; segundo al 30; tercero al 40 y cuarto al 43. Toma ya. Estadísticas...

Messi ha marcado el séptimo. Pero estaba en fuera de juego... Faltan 5 minutos para que termine el partido...

5 nov. 2008

La misteriosa llama de la reina Loana

En un post de septiembre, sobre Tokio Blues, hice referencia a una entrevista que El País había hecho a su autor, Haruki Murakami. En ella, decía que era “... incapaz de sentir interés en novelas que no causen desconcierto en los lectores. (...). Lo que quiero decir es que las novelas largas que no hagan cuestionarse a los lectores el sentido de la historia, el flujo de su conciencia o la firmeza de la base de su existencia, no deben escribirse ni leerse.” Y no hace demasiado leí –o escuché, ya no me acuerdo- que un buen libro es aquel que hace plantearse cosas a quien lo lee. Viene a ser lo mismo que dijo Murakami pero en otras palabras.

Ayer terminé de leerme “La misteriosa llama de la reina Loana”, de Umberto Eco. A medida que lo leía no podía dejar de plantearme cosas y de recordar otras cosas de mi vida que tenía medio olvidadas. Recordaba también las palabras de Murakami y pensaba que Eco estaba logrando en mí lo que pretendía al escribir la novela. Así que, sí, para mí, es un buen libro. Pero con algún que otro matiz. Es una historia un poco “rara” y muy personal. El argumento en sí está ya bastante visto, aunque su tratamiento sí que es original.

Yambo es un vendedor de libros antiguos que, debido a un ataque al corazón, entra en coma. Cuando despierta, ha perdido la memoria episódica (los recuerdos de su vida, quién es, su propio nombre). Sí que conserva la memoria semántica (lo que ha aprendido en libros, y eso es mucho, porque el hombre ha leído mucho) y la memoria implícita (los actos cotidianos reflejos como conducir, usar tenedor y cuchillo, cepillarse los dientes...). Como que es incapaz de recordar su vida decide reconstruir su memoria volviendo a la casa del campo de la familia, en Solara, dondé pasó su niñez.

En el desván de la casa de Solara reencontrará los libros, los cómics y los discos que escuchó en su niñez y en su adolescencia, que transcurrió en la Italia de los años de la Segunda Guerra Mundial. A través de todo ese material, además de reconstruir la memoria de Yambo, Umberto Eco debe haber conseguido reconstruir la memoria de toda esa generación que compró los mismos cómics, escuchó los mismos programas de radio, leyó los mismos libros de aventura, disfrutó con la misma música...

Yo no soy de su misma época, pero también he podido reconstruir mi memoria. He viajado 20 años atrás, cuando con mi paga semanal compraba los cómics de El Jabato que Ediciones B estaba reeditanto. Y mi hermana hacía lo mismo con El Capitán Trueno. Me he acordado de las aventuras del Jabato, de Claudia, su novia romana, del gigante Taurus, del poeta Fideo. Y también he recordado al Capitán Trueno, a Sigrid, a Goliat y a Crispín. Y al Corsario de Hierro y a Bianca, la intrépida princesa veneciana que le acompañaba en gran parte de sus aventuras.

También han vuelto a mí las aventuras de Emma, una bruja buena que intentaba llevar una vida normal, a pesar de sus poderes. Y las historias de Esther, que hace nada se han reeditado. Y las viñetas de la Rue del Percebe, 13. Y Mortadelo y Filemón. Y Mickey. Y muchísimos más. Todos ellos se guardan aún en cajas en casa de mis padres.

Como Yambo –y como Umberto Eco, supongo- yo también leí los grandes clásicos de aventuras que me hacían soñar y viajar muy lejos. “Sandokán”, “El corsario Negro” y “Yolanda, la hija del corsario Negro”, de Emilio Salgari. He recordado que me fascinaba Yolanda, porque era una mujer valiente, luchadora e independiente. Pero también pasaron por mis manos “Los tres mosqueteros” y el grandioso “El conde de Montecristo”, de Alexandre Dumas. Y “Las aventuras de Tom Sawyier”, de Mark Twain. Y leí bastantes veces “La isla del tesoro” y Viaje al centro de la tierra”, de Robert L. Stevenson. Algunos de esos libros los tenía también en cómic, de Editorial Bruguera.
Pillé de la biblioteca todos los libros de Enid Blyton: los de “Los cinco”, los de “Los siete secretos”, los de las aventuras de “Las mellizas de Santa Clara” y los del internado “Torres de Mallory”. Y no los leí sólo una vez, sino varias. Luego vinieron las aventuras y los misterios de “Los Hollister”, del americano Jerry West, una familia numerosísima que estaba permanentemente de vacaciones. Y las de la chica danesa “Puck”, de Lisbeth Werner, que crecía libro a libro y semestre a semestre, hasta que, en el último, se casaba con 18 años cuando acababa el instituto y se iba a vivir a Valparaíso, en Chile.

Todos esos –y muchos más: mitologías de todos los rincones del mundo, fábulas, leyendas conocidas y no conocidas- fueron los libros de mi infancia. Me ha gustado mucho leer “La misteriosa llama de la reina Loana” porque me ha hecho recordar. Mi particular revulsivo ha sido la novela de Umberto Eco. En cambio, el revulsivo para Yambo es la reina Loana misma, un personaje de una tira de cómic americano que, cuando se encuentra perdido entre una niebla espesa, le viene a la cabeza y se da cuenta que puede volver a ver la luz.

3 nov. 2008

Llega a su fin

Después de un año oyendo más de lo mismo a todos sitios y a todas horas.
Después de las elecciones primarias más televisadas que he visto en mi vida (que ya sé que no es excesivamente larga).
Después de aprender qué son los caucaus.
Después de si Hillary sí, Hillary no, Obama sí, Obama no. Y que al final ganara Obama.
Después de una pre-campaña eterna, que tengo la sensación de haber vivido como si fuera ciudadana americana y que, ni queriendo, he podido escaparme a ella.
Despés de, por fin, una campaña electoral marcada por la crisis, por los parece-que-se-hunde-Wall-Street, por Joe el Fontanero.
Después de conocer a Sarah Palin, la candidata a vicepresidenta más inverosímil. Ni el mejor guionista de comedias de Hollywood hubiera sido capaz de crearla.

Después de tanto tiempo, POR FIN. Mañana son las elecciones. Y parecen las de aquí. Los presentadores "estrella" de muchísimos programas de radio y de televisión emitirán desde Washington o Nueva York. Da igual. Eso se acaba. Y sabremos si:


¿OBAMA? o ¿MC CAIN?

Particularmente, prefiero que gane Obama. Pero, en cualquier caso, que no nos tengan días y días recontando los votos de Florida una y otra vez. Y quien dice Florida, dice Texas, Wisconsin o Ohio.

Que llegue a su fin. Ya. En serio.