28 oct. 2008

Don't be evil

Recuerdo que cuando era pequeña –y, de hecho, también cuando no era tan pequeña- pasaba muchas tardes en la Biblioteca municipal. Siempre hacía los deberes allí. Cuando los terminaba, empezaba a leer algún libro que luego me llevaba a casa. Utilizaba las enciclopedias y los libros de consulta, y si necesitaba información sobre algo mucho más concreto, lo pedía; el bibliotecario llamaba a otras bibliotecas y preguntaba si lo tenían (aún no existían consultas online, funcionaban con fichas) y, si estaba en alguna otra Biblioteca de la Red, me llegaba al cabo de unos días.

Para mí, ir a buscar en los libros ha sido lo normal durante muchos años. Ahora, con Internet, mi forma de acceder a la información ha cambiado radicalmente. Pero aún recuerdo que existió esta otra forma de acceder al conocimiento, que, para según qué cosas, sigue siendo la más fiable.

La semana pasada acudí a una jornada que, a cargo de Joaquín Rodríguez y dentro del marco del festival de la literatura Kosmopolis, trataba sobre este tema. “La vida después de Google”, se llamaba. Y fue interesantísima. Se celebró el jueves, un día antes de la entrega de los Premios Príncipes de Asturias. Ese dato viene a cuento porque el viernes siguiente los creadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, recibieron el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación. Particularmente, creo que merecidísimo, porque Google es mucho más que un buscador y a través de los servicios que ofrece (Gmail, Youtube, AdSense, GoogleMaps…) es evidente que promueve la comunicación y facilita el acceso a la información.

El acceso a la información es un derecho básico en cualquier sociedad. Por supuesto, estoy refiriéndome al acceso libre a la información. Y por libre entiendo que no tiene que ser discriminatorio, ni estar censurado, ni ser de difícil acceso. Google facilita el acceso a la información. Y, esto, en principio es positivo. Pero se trata de un arma de doble filo que puede convertirse en peligrosa si no se sabe ser un poco crítico. El buscador de Google funciona mediante un algoritmo, de fórmula secreta guardada a cal y canto, y está continuamente rastreando la red. Nuestros criterios de búsqueda no siempre son precisos y acostumbramos sólo a entrar en las primeras páginas que nos salen después de la búsqueda. Mayoritariamente, en una o dos. En tres como máximo. Y no estamos nunca demasiado tiempo en ellas. Acostumbramos a creer lo poco que leemos y no nos lo cuestionamos. Eso es aún mucho más preocupante en la llamada Generación Google, formada por aquellos que nacieron después de 1993 y que han crecido junto con las tecnologías de la información (TIC). Prácticamente sólo conocen el acceso a la información a través de los medios electrónicos. Acceso fácil y rápido, para satisfacer unas necesidades inmediatas. Luego, el olvido. Lo peor de todo es que ese dominio que tienen de las TIC no es parejo a una mejor competencia informacional, a una mejor capacidad para gestionar el aluvión de información que reciben.

Google, como buscador más utilizado en el mundo, con millones de búsquedas diarias, y como empresa privada de gran valor económico que es, es susceptible de, en manos de algún desaprensivo –presumiblemente con dinero y poder, o sólo con poder-, ser manipulado. Y, de paso, manipularnos a nosotros porque nos ofrezca sólo alguna información y no otra. Nosotros, usuarios habituales de Google, nos la creeremos y no la pondremos en duda porque estamos acostumbrados a que no haya nada más. De hecho, sólo hace falta recordar la censura que hubo en China este pasado verano con los Juegos Olímpicos. Y Google lo consintió.

A pesar de todo, vale la pena recordar que el lema de Google como empresa es “Don’t be evil” (No seas malo). Esa es la premisa que deben aceptar todos sus trabajadores cuando empiezan a trabajar en la sede de la empresa en Silicon Valley. No manipules. Deja que fluya la información. No intervengas. Pero la posibilidad está allí. Y el precedente. Y el hecho de que Google almacene información sobre nosotros, sobre nuestras búsquedas más frecuentes, nuestras cookies… porque así le será más fácil darnos lo que queremos en posteriores búsquedas. Si se piensa fríamente, da un poco de miedo.

Además, si se habla de conocimiento –contraponiéndolo un poco al término información-, la cosa puede ser aún más preocupante. En principio, conocemos lo que recordamos. Sabemos sólo lo que somos capaces de recordar. En el siglo VII a.C., Sócrates negó la utilidad de la por aquel entonces recién inventada escritura, porque la veía como una enemiga de la memoria, del conocimiento. Si trasladamos al papel nuestro conocimiento, la memoria ya no trabaja y, por lo tanto, ya no conocemos. Sócrates se equivocaba, y, de hecho, sus enseñanzas han llegado a nuestro tiempo porque Platón, su discípulo, transcribió sus conversaciones a pesar de la empecinada voluntad en contra y del monumental enfado de su maestro.

Ahora nos encontramos en una disyuntiva parecida. Cada vez recordamos menos. Almacenamos más y más información –y conocimiento- en soportes digitales. Está allí, en elementos externos a nosotros, pero no en nuestra cabeza. ¿Quién recuerda ya datos como fechas de cumpleaños de amigos, números de teléfonos, direcciones…? Y si a esto se le suma lo que comentaba antes del acceso rápido a la información que proporciona Google en particular, e Internet en general, para su consumo inmediato, ya tenemos una visión completa de cuál puede ser la situación. Está bastante claro, ¿no? Internet nos atonta. Al menos si se utiliza de esta manera.

Evidentemente, Joaquín Rodríguez no abogaba por una vuelta a las cavernas. Ni yo tampoco. Pero está claro que hay que plantearse una vida, ya no sin Google ni sin las facilidades que nos proporciona Internet –además, eso no es posible, si no queremos caer en el mismo error de Sócrates-, sino al margen, más allá de Google. Además de Google, hay otras formas de acceder a la información y al conocimiento. El libro, como transmisor del conocimiento, sigue aquí y tiene mucha más autoridad, es más creíble, menos volátil y más fiable. Y las bibliotecas (Joaquín Rodríguez es bibliotecario) siguen aquí, con el mismo rol de almacenar el conocimiento y distribuir la información que siempre han tenido. Eso sí, teniendo en cuenta que las TIC les han hecho acreedores de un nuevo rol (distribuidores y generadores de la información, dinamizadores, guías digitales) y que tanto las bibliotecas como los usuarios disponemos de nuevos instrumentos que, utilizados con buen criterio, son de indudable utilidad y suponen un gran avance.

9 comentarios:

Casandra dijo...

Blaudemar, qué buen post!! Planteas cuestiones muy interesantes!! A mí ciertamente me da bastante miedo esto de Internet, porque como tú dices hay unas personas que saben datos nuestros y que además de algún modo seleccionan la información a la que podemos acceder. No sé, es un poco angustioso, no?? Sentimos que estamos controlados en cierto modo.

Un besito!! :o)

maba dijo...

me ha encantado, Blau!!! la conferencia tuvo que estar genial!

tengo muy buenos recuerdos de la "biblio" (eso que la de mi pueblo era y es chunguilla) y de buscar en casa en la enciclopedia..

la mayor ventaja frente a los libros, para mí es la inmediatez... es decir, la enciclopedia de casa de mis padres, por ejemplo, está obsoleta (cambios políticos, geográficos etc ) pero sigue siendo un instrumento 100% fiable y la información más actual la podemos encontrar en internet...pero siempre contrastando!!

a mi niña la llevé por primera vez a la biblio hace un mes, más o menos..y lo voy a dejar para un poquito más adelante porque ..bueno, va por libre.

eso sí, le encantó la Fnac!!! y el libro que escogió ..qué claro lo tuvo!!

muchos besos...que super comentario!

Cristina dijo...

Muy interesante. Desde luego internet se ha vuelto esencial y, cuando hay algo que quiero saber, Google es el primer sitio al que voy. Es después, si no he dado con lo que buscada, cuando - de tener los libros necesarios a mano - recurro a ellos.

De todos modos, yo seré muy incauta o lo que sea, pero ya he visto a mucha gente que me comenta eso de que Google memoriza tus búsquedas y eso para luego ajustar a eso los resultados. Personalmente no sólo no me dan ningún miedo sino que, si de verdad funciona, si de verdad se van a ajustar más a lo que busco, me parece excelente. Al fin y al cabo hay sitios en los que dejamos nuestra dirección y tarjeta de crédito y demás y, a la hora de dar esos datos voluntariamente apenas lo pensamos dos veces.

julia dijo...

Considero que hay que avanzar en este sentido pero sin olvidar los demás recursos. Todos sirven para nuestro conocimiento y su combinación es la mejor opción.
Yo como maestra ando un poco loca con esto de las TIC, ahora en las oposiciones lo que más me valoran es que tenga algún curso hecho relacionado con las tecnologías de la información y la comunicación.
Hay que ponerse al nivel de los alumnos, que como saben..
Un besazo.

julia dijo...

Pero si te digo un secreto, para mí como un libro no hay nada...

Blaudemar dijo...

Cas: Podría ser muy angustioso si quien gestiona esta información tuviera malas intenciones. "Don't be evil", es el lema de Google, y es muy bueno. Sólo hace falta que siga realmente así. Y que no se repitan casos como el de China.

Maba: es que Internet va genial. Enseguida encuentras lo que buscas. Que igual no es lo que "necesitarímos", pero ya nos sirve (especialmente a la Generación Google, que no saben buscar en ningún otro sitio). Lo importante es tener criterio y saber que además del rango de resultados que nos ha salido, puede haber más. Y, evidentemente, que siguen allí los libros.
Ádemás, que no todo lo que se encuentra en internet es malo. En la conferencia se habló de la Wikipendia. Y se dijo que se ha comparado con otras enciclopedias de reconocidísimo prestigio y resulta que la Wikipendia es MUCHO MÁS fiable y da información más veraz (en España no hay demasiada gente que se dedique a redactar los artículos, pero en otros países sí. Pero hay que tener en cuenta que los artículos están constantemente en revisión y discusión).

Cristina: con el nuevo navegador de Google, q lo tengo en casa, cuando buscas algo te das cuenta claramente que te tiene "fichada". Eso está bien, pero al tener criterios preestablecidos de tus búsquedas puede impedir que encuentres otro tipo de información que igual te sería más útil.
Lo que da miedo es que alguien determine que el acceso a la información sea sólo a la que a él le interese por motivos x. Ese es el problema. Y nosotros ni nos daremos cuenta.

Julia: los alumnos saben muchísimo porque han crecido con ello. Sólo hace falta que sepan gestionarlo bien.
De hecho, hay ya estudios que demuestran que las TIC están produciendo cambios neurológicos que afectan a la estructura del cerebro. De nuestro cerebro, acostumbrado al libro y a leer de determinada manera, se está pasando a un cerebro "digital" y, como tal, su forma de procesar la información es distinta. Se queda con menos, porque no le hace falta, o eso cree.

A todas: no lo dije en el post, pero seguro que os habéis dado cuenta que leer según que en una pantalla de internet no es nada cómodo, para nosotras que estamos acostumbradas al libro. Igual estaría bien que alguien se planteara la forma de hacer que la lectura fuera más cómoda. Yo, por ejemplo, no me veo leyendo un libro digitalizado por pantalla. Y está relacionado con que pasamos poco rato en cada página que visitamos. A veces hay demasiada información y nosotros sólo hacemos lecturas en diagonal. Por culpa del soporte. Y porque hay mucha más.

Gracias a todas por los comentarios!

Betty Boop dijo...

Tienes razón, con las nuevas tecnologias la información y el conocimiento está más a mano, tiene sus cosas malas, evidentemente pero tambien tiene cosas muy buenas, si no fijate, tu y yo conectadas, junto a montones y montones de bloggers, para conocernos contarnos cosas y en fin relacionarnos.
Un beso.

S dijo...

Me ha encantado el post Blaudemar. Realmente nunca me había parado a pensar que todo queda registrado, lo que miramos, compramos... en internet, si lo pienso friamente, me da miedo.

La Biblioteca, que recuerdos. Al salir de clase, cuando tenías que hacer algún trabajo para la escuela, con los amigos, era genial. Hace años que no entro en una!

Ayer por televisión dieron una noticia, libros electrónicos. Se trata de una aparato (una pantalla pequeña), no me acuerdo la cantidad de libros que podía llegar a almacenar, una pasada. Y cuando miraba la noticia, pensaba en mis libros, en mi biblioteca particular, esa que llevo años y años alimentado con libros, libros de verdad, con sus tapas y sus páginas, y pensé que hay progresos que no me gustan o para los que no estoy preparada.

Besos.

sudokera dijo...

Bastant interessant el que has escrit!! EL problema d'internet és que es una forma de procastinació alucinant... vas saltant de pàgina en pàgina i quan te n'adones a passat mitja hora i ja no te'n recordes exactament de què estaves buscant...
No sé si acaba d'agradar-me. I a sobre el google et controla les cookies?