22 ago. 2008

Rebozándome en recuerdos infantiles...

Hoy ha finalizado mi primera semana de trabajo después de volver de vacaciones. Y la verdad, ya sé que mi horario es un chollo y que teóricamente mi trabajo muchos ya lo querrían para ellos, pero estoy harta. Desde siempre, me gusta trabajar algunos días de agosto –o todo el mes, según se tercie-, pero este año no sé qué me pasa, que no hay manera. Supongo que estaba acostumbrada a meses de agosto tranquilitos, con muy pocos compañeros de trabajo, en los que voy terminando esas cosas que no son urgentes pero que tienen que hacerse… Y este año la vuelta ha sido demasiado de golpe, demasiado intensa y yo estoy echando de menos aún los días de vacaciones. Porque normalmente, aunque trabaje en agosto, sigo teniendo la sensación de estar aún de vacaciones. Pero este año, no. Eso sí, no ha cambiado que somos sólo cuatro gatos. Bueno, ni llegamos.

Cuando estoy así me da por ponerme melancólica. Y pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y claro, termino rebozándome en los recuerdos de mis vacaciones de infancia… que ésas sí que eran de las buenas.

De pequeña-pequeña, mis vacaciones reales empezaban el 25 de junio, el día después de San Juan. El día antes mi padre ya nos había hecho limpiar el coche a mi hermana y a mí –un R4 en el que en verano nos asábamos de calor y en invierno nos moríamos de frío- y lo había cargado hasta los topes. Y empezaba el viaje. Por aquel entonces el trayecto se me antojaba larguísimo, pesadísimo, eterno… y ahora se hace en dos horas y media. A casa de mis abuelos.

Y allí me pasaba el verano entero. Los primeros años, hasta el 10 de septiembre (el 11 es la Diada de Catalunya, y siempre estaba ya en casa); más tarde, como que mi hermana y yo andábamos siempre como perro y gato, hicieron que nos fraccionáramos las vacaciones en mitad y mitad.

Aquellas vacaciones eran geniales. O eso le parecían a una cría pequeña. Recuerdo que se comía mucho (para mi abuela, siempre estaba delgada… y no lo he sido nunca, pero bueno…). Ir todas las tardes a la piscina municipal con las amigas de verano que también estaban en casa de sus abuelos, tanto si hacía sol, estaba nublado o llovía… total, una se metía en el agua y ya estaba, a esperar que dejara de llover. Y salir a dar vueltas con la bici, horas y horas, sin que nadie controlara demasiado por dónde ni con quién. Jugar en la plaza, en el parque, ir a dar vueltas “por ahí” con “quien me encuentre”, o sola… Los jueves por la mañana, “ayudar” a mi abuela a montar la parada que tenía en el mercado al aire libre, y pesar, contar y devolver el cambio de los sobrantes de verdura del huerto que allí vendía.

Cuando llegaba el 10 de septiembre, la vuelta era muy dura. Se me hacía rarísimo volver a vivir con mis padres; tener que bañarme a las horas que tocaba porque el escaqueo y la excusa de “ya me he duchado en la piscina” ya no colaba; retomar el contacto con los amigos de antes, tener que preparar la vuelta al cole (comprar los libros, las libretas, la carpeta…)… Con el comienzo del curso, ya no había más remedio que acostumbrarse, pero contaba los meses que faltaban para que volviera a llegar el verano.

Con los años, los días que pasaba allí fueron acortándose. Ya no me parecía tan divertido. El pueblo que de pequeña me parecía genial porque podía ir y venir sin casi horarios se me antojaba como una cárcel. Había crecido, y prefería estar con mi pandilla de la adolescencia. De pasar allí casi tres meses seguidos, se pasó a dos semanas, y cuando empecé a trabajar en verano, a sólo unos pocos días testimoniales, para que no se dijera. Ahora ya son visitas de ida y vuelta en el mismo día.

Y mis vacaciones han pasado de durar casi tres meses a hacerlo sólo tres semanas que se van en un suspiro… Bueno... vale, que en septiembre aún me quedan algunos días… pero sigue sin ser lo mismo. Y sí, puede ser que me queje por vicio, por costumbre, o porque sí, pero es que una es humana...

Por cierto, que cuando este domingo esté nublado o llueva y no me deje ir a la playa a tostarme y a comerme una paella en un chiringuito, ¡el tiempo se va enterar! ¡Que aunque ya no tenga vacaciones, aún debería poder disfrutar de los fines de semanas!

12 comentarios:

Aïcha dijo...

Esas maravillosas vacaciones de verano... yo nunca tuve abuelos en el campo, los mios eran muy cosmopolitas ^^
pero tambien llego la epoca en la que ir de vacaciones era un rollazo porque te aburrias.
gracias por el viaje a la infancia^^
y con tremenda amenaza no creo que el tiempo quiera verselas contigo este fin de semana
saludos

El Errante dijo...

Siempre me gustó el olor de los libros recién comprados y de los demás materiales de estudio. Antes como alumno, pero también ahora como profesor.

Un saludo.

Soboro dijo...

¿25 de julio? San Juan es el 24 de junio, que mi cumple es el 25.
A mí también me está dando últimamente por recordar las vacaciones cuando era niña. Qué buenos tiempos aquellos...
Ánimo que el estrés postvacacional pasará en unos días!
Un beso

buscando mi lugar dijo...

Los que no nos quedábamos en casa durante el verano siempre recordamos con cariño las vacaciones. Para mi también eran geniales y la vuelta era dura.
Ahora son tan cortas que siempre se sueña con las muchas semanas que teniamos entonces. Era genial!

Blaudemar dijo...

Soboro: Gracias!!! Que me había equivocado! 25 de junio. Lo corrijo enseguida.

Nimrod dijo...

La verdad es que cuando vamos todos los dias al curro y nos da por soñar con aquella epoca la hechamos de menos tela, yo me pasaba todo el dia en remojo en la piscina ^^

Un besote!

Rebeca dijo...

Que recuerdos, aquellos veranos de tres meses. Yo me los pasaba en la piscina: mañana, tarde y noche... Y la verdad es que cuando se acercaba la vuelta al cole me costaba bastante menos que la vuelta al trabajo de ahora.

xxx

maba dijo...

sí eran geniales los veranos de infancia!! no te pasa que cuando menos te lo esperas te viene una imagen concreta de esos días?? una tonería ya sea un cielo, una cara, un juego... ay, me encanta cuando me viene una de esas!!

ánimo....y piensa en esos díitas que te quedan aún!

Blaudemar dijo...

Nimrod y Rebeca: Veo que ese sentimiento de añoranza hacia nuestras vacaciones infantiles es generalizado!!! Y que no era la única que se pasaba el verano entero en la piscina!!!

Maba: es cierto, con bastante frecuencia me vienen a la cabeza recuerdos de aquellos veranos. Especialmente por esas fechas... y la semana pasada, que fuí a visitar a mis abuelos (sí, están súper mayores, pero aún van tirando, y hasta ese año han sido muy autosuficientes), ni te cuento. Yo he cambiado, pero el pueblo está exactamente igual. Claro, ahora no me gusta demasiado, es muy pueblo, lo veo muy apagado, pero a mis recuerdos de aquella época les tengo muchísimo apego.

El errante: un buen motivo para volver con mis padres era poder hojear todos los libros nuevos de texto. Como que yo era la mayor, ¡no heredaba libros viejos!. Y eso, aún me gusta ahora. Aunque con los años también me gustan los libros viejos, aquellos que han pasado de mano en mano...

Gracias a tod@s por comentar!

Blaudemar dijo...

Ay, Aïcha! El tiempo se medio comportó. Hizo un poco el burro, pero bueno, aún se podía estar...

maba dijo...

hala..a recoger un premio en el escaparate !!!

Mustafa Şenalp dijo...

çok güzel site. :)