29 nov. 2007

"Coulant" de chocolate

Ingredientes (para 4 coulants)

4 huevos
240 g de cobertura de chocolate (Nestlé Postres, por ejemplo)
160 g de mantequilla
60 g de harina
40 g de azúcar
cacao en polvo

Esta receta es ideal para
l@s adict@s al chocolate como yo. Fue creada por el cocinero francés Michel Brass, que llegó incluso a patentarla (¡y no me extraña!).

Yo la hice por primera vez el pasado sábado y, lo confieso, me salió un auténtico churro. Pero eso fue culpa del horno y de la temperatura, ya que seguí al pie de la letra las indicaciones de Michel Brass y está recomprobadísimo que mi horno no es el suyo. Hoy la he repetido, adaptando la temperatura a la de otras recetas que había visto, y sí.

Así que:

  1. Fundir el chocolate al baño maría, junto con la mantequilla. Uniformar y reservar.

  2. Separar las yemas de las claras. Batir las yemas, y añadirlos a la mezcla del chocolate fundido con la mantequilla. Añadir el azúcar y remover.
  3. Montar las claras a punto de nieve y añadir a la mezcla anterior. Añadir la harina bien tamizada.

  4. Reservar unas 12 horas a la nevera. (Eso lo dice Michel Brass, pero hay “adaptaciones” de la receta que recomiendan hacerlo todo justo antes de comerlo. Es realmente una receta fácil y rápida, pero si se tienen invitados es más práctico hacerlo unas horas antes).

  5. El coulant original tiene relleno. Hay recetas adaptadas que no. Pero el relleno es el secreto que hace que un coulant pase de ser bueno a extraordinario. Se puede utilizar como relleno un bombón, una trufa, un trozo de chocolate de cobertura... que previamente se habrá congelado.

  6. Para montar los coulants se necesitan moldes cilíndricos tipo flaneras. Se untan con mantequilla para que sea fácil desmoldarlos después y cacao. Se rellena unos 2 cm del molde con la masa que hemos reservado (o no) en la nevera con una manga pastelera (si se tiene... si no, una cuchara también sirve). Se le pone el bombón, la trufa o lo que se quiera y se acaba de rellenar. El molde no debe llenarse hasta arriba porque luego sube mucho, como una magdalena.

  7. Se ponen al horno. Según Michel Brass, unos 8 minutos con el horno precalentado a 170º. Ya lo he comentado: el primer día lo hice así y no salió bien. Los coulants se hicieron poco y al desmoldarlos se espachurraron todos. Hoy he hecho caso de otras recetas: el horno precalentado a 200º y 12 minutos. Y perfecto.

  8. Desmoldar y servir caliente.

  9. ¡A disfrutarrrrrrrrrrrrrrrr!

La masa ya hecha.

Los moldes, a punto de entrar al horno.


¡A COMERRRRRR!

24 nov. 2007

Mi "retro tweed dress"

Mi última adquisición:

Fue un amor a primera vista. Lo ví en la newsletter del Promod que me mandaron ayer por la mañana. Por la tarde me pasé por la tienda, y allí estaba, justo delante de la entrada. Sólo quedaban 3, y los 3 eran de mi talla (!!!!).

Pienso ponérmelo como en las fotos que he sacado de la web: jersey negro de cuello vuelto, medias grises y botas negras. Aunque ayer me lo probé con jersey rojo debajo y también quedaba bien.

23 nov. 2007

Rutina

Hay días en los que pienso que las cosas que realmente me interesan tienen muy poco o nada que ver con mi día a día.

Son esos días en que la rutina es más rutina que nunca: levantarse muy temprano, como el ayer y el mañana; ir a coger un tren que, como casi siempre, va algo tarde y lleno de gente; llegar a Barcelona y bajar a pie hasta el trabajo, pasando siempre por las mismas calles y encontrándome siempre a la misma gente (los paletas que están haciendo un cigarrillo a las 7.50, delante de la obra; el grupo de 5 chicas orientales que van juntas al colegio; los 3 investigadores que esperan delante de una biblioteca que abra; la misma brigada de limpieza que limpia la misma calle a la misma hora; los mismos sin-techo que salen de los mismos cajeros cada día justo antes que abran las sucursales bancarias, etc).

Cuando llego al trabajo, los mismos rostros de cada día y el mismo tipo de trabajo, atendiendo el mismo tipo de llamadas y redactando un tipo similar de contratos, con los mismos jefes pululando alrededor, sin acabar de dar soluciones prácticas y rápidas a los problemas que se les plantean. En esos días, todo esto me parece más repetitivo y aburrido que nunca y muy poco creativo. Los minutos pasan muy lentos y las horas se eternizan. Y cuando miro por la ventana, me doy cuenta que esos días son siempre grises, sin una brizna de aire, y un poco fríos.

Y mientras vuelvo a casa en un tren atestado otra vez de gente, me pregunto siempre lo mismo: ¿mañana será otra vez igual?. Y sí, sé que será muy parecido, con ese día a día que no acaba de cambiar, pero igual estoy algo más optimista y si sale el sol y hace buen día seguro que no me parece todo tan repetitivo y saber que tengo toda la tarde libre me anima de golpe.

Supongo no soy la única que piensa así y que siente nostalgia cuando recuerda cómo se imaginaba que sería su vida "de mayor" cuando tenía 15 años. Yo quería trabajar desde casa –o en una oficina, pero con un horario muy flexible, hecho a mi medida y sin tener que fichar ni de entrada ni de salida-, haciendo algo muy creativo (escribir, pintar, coser...) que me apasionara. Pero como que sacaba tan buenas notas y era una pena que no aprovechara esa gran capacidad que tenía (¿tengo?), seguí estudiando y ahora tengo un trabajo “serio” que normalmente me parece bien y me gusta algunos días más y otros menos, pero que en días como hoy en que la rutina y el hastío me vencen me planteo todo eso... De hecho, desde hace relativamente poco tiempo está danzando inconstantemente por mi cabecita la idea de intentar abrir mi propio negocio... pero los números andan totalmente descuadrados.

Seguiré soñando. A ver si mañana sale el sol...

20 nov. 2007

Esas primeras citas...

Hoy he estado pensando un poco en algunas de mis “primeras citas”. Ahora hace ya un tiempo que estoy “fuera del mercado”, pero aún soy capaz de recordar algunas de aquellas cosas que hacían decirme a mi misma aquello de “una y no más”.

En fin, que si eres chico ahí van unas cuántas de las cosas que me pasaron y que yo “recomiendo” no hacer (y seguro que hay miles más).

Cosas a evitar en una primera cita:

1- Llegar tarde.

2- Llegar muy temprano y estarcon cara de súper cabreo porque yo he llegado a la hora o 5 minutitos tarde. Igual me asusto y me marcho sin decirte nada. Y si al rato me llamas vociferando e insultándome, me darás la razón: tío loco peligroso a la vista.

3- Llegar con la ropa manchada. Por ejemplo, con pantalón color crudo manchado de aceite y camisa de cuadros con “ronchas” negras. Encima, no me digas que “es que he tenido que buscar entre la ropa sucia lo menos sucio que tenía”.

4- El chándal viejo del Barça tampoco me sirve como atuendo para una primera cita. Ni para una segunda. Ni para una tercera...Déjalo en casa y póntelo los domingos, si quieres. Pero nunca conmigo. Da igual que esté limpísimo.

5- Si para ir a una cita te pones una camisa de ésas transparentes, en la que dejas entrever la mata de pelo lobuno de tu pecho, ya te lo digo ahora: no eres mi tipo. Chico, y esos tejanos tan reapretados deben dolerte, ¿no?

6-Me gustan los chicos limpios y aseaditos. Echarse por encima un litro de colonia tipo S-3 o Nenuco no entra dentro de lo que yo entiendo por “limpio” ni “aseadito”.

7- Si hemos quedado que pasas a recogerme, no me impresiona favorablemente que llegues conduciendo un Maserati... Seguramente,antes que tú me lo contaras, no había visto nunca un Maserati y tampoco sabía que eran coches súper caros y, de hecho, no me interesa. Me da igual que los asientos sean de piel y no me gusta que me demuestres que el coche alcanza los 100 km/hora en un instante y en una carretera estrecha y llena de curvas.

8- Igual que no me interesan nada los coches, no soporto la Fórmula 1. Y saber que has salido a navegar en el yate de Briatore con el yerno de Aznar me da exactamente igual (¡quiero irme a mi cutre-piso, ya!). Que tengas una cadena de hoteles me parece algo curioso, pero no insistas demasiado. Y no, no sé cuál es el gimnasio hiperpijo e hipercaro del que me hablas, y tampoco sé dónde está esa urbanización tan exclusiva en la que vives. Como que todo eso me lo cuentas en un restaurante súper caro que has escogido tú sin preguntarme si me gustaba y/o me parecía bien, y dado que yo no puedo pagarlo ni queriendo, no cuentes ni con que me ofrezca ir a medias.

9- Si digo de pagar a medias la cena (excepto en el punto anterior), lo digo de veras. Acéptalo con naturalidad. Pero si insistes mucho en pagar tú, pues vale. Tampoco llegues al caso extremo: es la hora de pagar y, justo entonces, tú te acuerdas que no llevas la cartera encima y que “ya pagarás la próxima vez”.

10- No me interesan los (malos) rollos de tu trabajo. Y saber muchos detalles de tu familia, tampoco. Si se tercia, ya habrá tiempo para todo.

11- Si tienes hijos, no me enseñes las fotos en la primera cita. Está bien eso de ir “con la verdad por delante”, pero ya... En todo caso, recuerda de quitar la foto de tu ¿ex? mujer que llevas junto a la de tus hijos en la cartera.

12- No me interesa saber lo bruja que es tu ex (o tu ex y la ex de antes de tu ex, y la anterior, y la de antes...), ni tu versión de por qué te dejó... Por favor, no la insultes. Si aún no has superado la ruptura, NO me lo digas y, te lo ruego, no te me eches a llorar al recordarla.

13- En una primera cita no me planteo qué habrá después. Por favor, no me abrumes hablando de (nuestro) futuro juntos. Y no, a los cinco minutos de haberte conocido no tengo criterio suficiente para decidir si quiero irme un fin de semana a Andorra contigo.

14- Y no me digas medias-verdades (o medias-mentiras) para hacerte el “interesante”, que luego todo se sabe y me vas a a parecer un poco infantil. Si me dices que trabajas en el “sector editorial”, pues yo creeré que eres corrector de estilo, maquetista o algo parecido. Y si luego resulta que me dices que llevas el toro de los palés con los libros empaquetados para cargarlos en los camiones, pues yo diría que me has medio-mentido.

15- Y no MIENTAS. Si tienes 45 años, a pesar de no aparentarlos, pues los tienes. No es necesario que me digas que tienes 28 si a los 10 minutos vas a tener remordimientos y vas a decirme que me fije en las arruguitas que se te forman alrededor de los ojos al sonreír, que me daré cuenta que es imposible que tengas 28 años.

16- No quieras forzar las cosas. Si te digo que me apetece volver solita a casa, es que quiero ir solita. Da igual si el metro ha cerrado ya y voy a tardar dos horas en encontrar un taxi. Si te digo que no, es que no. No me acompañes. Y no me llames a los dos minutos por si me lo he repensado.

17- Y si dejo que me acompañes a casa, es porque me apetece y punto. Y no, de momento no estoy pensando ni en bodas, ni en hijos ni en nada que se le parezca.

18 nov. 2007

Y subiendo...

El IPC está por las nubes. Los precios suben y suben... y los sueldos no tanto. El IPC acumulado de noviembre ha quedado en un 3,6% respecto al del año pasado. “Déu ni dó”, porque las previsiones para todo el año “sólo” estaban en un 2% aproximadamente.

Lo más jodido del tema es que están subiendo los productos básicos: leche y cereales (y derivados) especialmente.

La verdad es que no me fijo especialmente en el precio de las cosas de comida y demás productos para la casa. Hay una cantidad fija “x” al mes para estos gastos y, en principio, debería de haber suficiente y sobrar algo. La contribución fija mensual para estos gastos es la misma desde hace prácticamente dos años... y si hace dos años sobraba dinero, ahora no. De hecho, desde hace ya unos meses, en la última compra semanal del mes es necesario poner dinero “extra”.

Para muestra, un botón.

Galletas “Petit ecólier”, de Lu.Creo que es el único producto del que me sé el precio de memoria e, incluso, controlo sus subidas y variaciones en distintas tiendas.

Consumo: 2 al día, por la noche, con la infusión de turno. En la caja hay 12 unidades.
Precio en enero-febrero de 2007: 1,50 € (en otras tiendas ya costaba 1,75 €).

Precio a partir de marzo-abril de 2007: 1,58 € (en otras tiendas costaba más).

Precio de ayer sábado, 17 de octubre de 2007: 1,78 €!!!! (¡20 céntimos más que la semana anterior de golpte! Y en otro súper, ayer mismo, me fijé y: ¡1,99 € la misma caja de 12 galletas!. Un 12,65 % de subida de una semana a otra de golpe. Casi nada.

12 nov. 2007

Visto en el tren

Hoy me he marchado del trabajo unos diez minutos antes de mi hora normal. Así, si voy corriendo por el metro y por los pasillos que llevan a la estación de Renfe de Plaza Cataluña, consigo pillar un tren antes que va mucho más rápido (porque no para en todas las estaciones). Pero tratándose de la Renfe, eso es muchas veces una utopía, un sueño imposible.

Y eso ha pasado hoy. “Mis” trenes iban con unos 20-25 minutos de retraso. A mi no me ha afectado mucho porque ha sido llegar y subirme justo al que tenía que haber pasado 25 minutos antes.

El tren iba lleno, però no súper lleno... Todos podíamos ir sentados si queríamos.

Al tema.

He subido al tren y he visto “mi” sitio libre (al lado de la ventana... es que tengo unas cuantas manías y sentarme en un sitio u otro del tren es una de ellas). Pero justo delante de “mi” sitio estaba sentado un chico que dudo que tuviera siquiera 18 años. Y estaba "sentado": todo espatarrado y con las piernas encima de “mi” sitio. Ah! Y con cara de muy malas pulgas, de rabia... no sé, a punto de “explotar”. Yo he pensado: “problemas”. Y me he sentado a los asientos de justo al lado.

Pero un chico sí que se ha sentado. Y ha empezado la cosa: “¡¿Por qué me miras mal? Eres un puto nazi! Nazi de mierda!. Imbécil!”. El chico que iba espatarrado (no lo he dicho, porque no tendría que ser relevante: hay muchos que se sientan así, tienen cara de malas pulgas y parece que estén a punto de explotar a la mínima)era marroquí (por eso ha dicho nazi al otro).

Unos cuantos insultos más, y se ha callado. He visto su mirada, fija, dura, clavada en el que se había sentado delante suyo, que seguía allí “por cojones”, supongo. Y me he dicho mentalmente “ojalá que no lleve navaja”. Porque le iba a hacer algo. Lo estaba maquinando. (A veces tengo como un sexto sentido para prever ciertas cosas).

Hemos llegado a Arco de Triunfo. Ha bajado y ha subido gente. Y luego ya llegábamos a la estación de Sant Andreu. Todo ha ido muy rápido. El chicho marroquí se ha levantado para bajar, y en cuestión de milésimas de segundo le ha arreado una patada en plena cara al que estaba sentado delante suyo. El otro se ha levantado súper rápido y se le ha encarado... Y más rápido aún, cuando los demás aún no habíamos reaccionado, otro chico marroquí, sentado en los asientos de adelante, se ha puesto enmedio y los ha intentado separar, mientras retenía e intentaba calmar a su compatriota. Luego ha contado que había temido esa reacción al ver la mirada clavada en el otro.

En todo eso, yo he recibido un golpe en el hombro y la chica que iba delante mío, embarazadísima de muchos meses, ha recibido más de uno en la barriga (estaban empujándose). Luego, otra señora mayor y yo, hemos intentado tranquilizar a la chica embarazada, que ha tenido un amago de ataque de ansiedad.

Finalmente el otro chico marroquí ha conseguido que el energúmeno ese saliera del tren (activando la alarma de apertura de las puertas, porque el tren ya había empezado a salir del andén de la estación de Sant Andreu). Ha salido amenazando y metiendo golpes por doquier. Tenía tanta rabia que ha llegado a golpearse su propia cabeza contra la puerta.

Me ha recordado mucho lo que pasó hace unas semanas en otro tren, de los Ferrocarriles, no de Renfe, cuando un chico español agredió a una chica suramericana. Aquí ha sido al revés, viajaba más gente y, por suerte, se ha intervenido a tiempo. De todas formas en ese caso de hoy yo creo que eso que el agresor sea marroquí no es cosa de racismo, y tampoco creo que el que lo ha “mirado mal” sea racista, ni mucho menos –o en todo caso, no cuando le ha pedido que le dejara sentarse-. Seguramente, su situación lo ha condicionado para ser así ("me miran mal, ellos son racistas conmigo y yo lo soy con ellos, me insultan con la mirada y yo me defiendo"... No deja de ser una autovictimización un poco fácil y autojustificativa para su comportamiento. La excusa fácil, de hecho). Imagino que su vida no ha sido ni es fácil, pero eso no es justificación.

Y que sea marroquí, es indiferente. Creo que se habría comportado igual fuera de dónde fuera (con una excusa fácil distinta pero igual de inconsistente), porque es él quien lleva ya un resorte dentro que hace que actue con rabia contra todo el mundo y contra él mismo. Y eso se veía sólo con mirarlo. Por eso me he sentado yo en otro sitio ya de entrada. Supongo que si hubiera estado mirándome cuando lo he visto, también me hubiera dicho que lo había mirado mal y que soy una nazi de mierda.

Y hay gente así en todos sitios. A veces parece que deberíamos ir todos mirando al suelo, o con una pantalla a lado y lado de la cabeza que nos impida ver lateralmente...

11 nov. 2007

Can Jalpí


Avui és Sant Martí, i és la festa major d'Arenys de Munt. La meva mare, com sempre quan és festa ha preparat un primer plat, un segon plat, un (altre) segon plat i postres... I la meva germana també ha portat un altre postre (tant vigilar durant tota la setmana amb què menjo, no sé per què!)...

Després de dinar estàvem tots un pèl "embafats"... I res, que hem anat "a fer una volta", a cremar part del que havíem endrapat.

Feia una tarda de tardor força maca, una mica freda, però maca. I xino-xano, hem anat fins el castell de Can Jalpí. No recordo gaire la història del lloc, però sí que sé que estava en mans privades, d'una família una mica vinguda a menys de Barcelona. El manteniment del castell era molt costós i van optar per vendre-ho tot (a més del castell hi havia molts terrenys). Va haver-hi polèmica amb l'Ajuntament i amb part dels habitants del poble, perquè es deia que s'ho havia de quedar el poble i no fer-hi una urbanització. A més, poc abans de vendre-ho -o tot just acabat de vendre, no ho recordo gaire- s'hi van descobrir restes arqueològiques romanes, que van fer que mentre s'excavaven tot s'aturés durant força temps.

Finalment, la venda va tirar endavant. S'hi van construir unes senyores cases en una part del terreny. La promotora va haver de cedir molt terreny a l'Ajuntament, que n'ha fet un parc municipal, i el Castell, que va passar a ser gestionat per una empresa de càtering que n'ha fet un restaurant de luxe.

Per cert... igual que a la setmana passada a la Fira Medieval, les fotos estan fetes amb el mòbil. M'hauré d'acostumar a emportar-me la càmara!.


El castell de Can Jalpí.

El llac que rodeja el castell. Llueix molt més a la primavera, amb els nenúfars florits, les canyes i els peixos vermells.

El passeig d'arbres que arriba al castell.

Imatge de tardor.


Els voltants.

"El roure de Guernica". Es troba just en acabar el passeig d'arbres, molt aprop del castell.

8 nov. 2007

No m'estranya gens...







No m'estranya gens que Barcelona estigui plena de turistes durant tot l'any...

4 nov. 2007

De fires medievals va la cosa

Aquesta tarda he tingut una sorpresa agradable. He anat a dinar a casa dels meus pares i, en acabar, he anat a fer una volta i a prendre alguna cosa. Com tots els diumenges, pràcticament tots els bars estavan tancats... i un dels pocs que tenia obert era el "Bar La Plaça", que, com ja diu el nom, es troba a la plaça de l'església.

Primera sorpresa: el meu cosí hi estava servint. "És que estic ajudant, perquè amb la gent de fora avui hi haurà molta feina". Jo, a bàbia, com sempre. Al cap d'una estona he vist que al bar hi començava a entrar gent disfressada d'època medieval.

I sí, a fora, hi havia una fira medieval... I a mi em xiflen, em tornen mig boja. M'ho compraria quasi tot i m'ho menjaria quasi tot...

Els voltants de la Plaça estaven "ocupats" per paradetes d'artesans que evocaven en certa manera l'època medieval: forn de pa de llenya; embotits de la Plana de Vic; coques d'oli (i farcides de xocolata, i d'altres de crema, i... mmm); bunyols de vent i xurros... I deixant el menjar: paradetes i més paradetes de collarets molt i molt originals; anells de plata amb gravats molt originals; anells fets amb botons antics (em repeteixo, però MOLT originals); bufandes i guants; sabatetes de pell de xai per nens...

M'ho hagués comprat tot, però tot no pot ser. Al final m'he acabat decidint per un anell lila, amb un gravat que imita un escut medieval (un "blasón", en castellà).

Les fotos no són gaire bones, perquè estan fetes amb el mòbil, però bé, és el que hi havia.
Un dels carrers de la fira.


Sabatetes de pell de xai per a nens. Això segurament no ho compraria...


Moneders de pell. Hi ha qui els anomena "escrotins"... no sé pas per què ;)

Làmines de nans pintades.


Espelmes gegants "espanta-mosquits". 250 hores de durada. Ideals per porxos i jardins.

Forn de pa de llenya. El forner s'hi ha posat bé, per la foto.

"Jhaima" àrab. Tès a un euro i pastes típiques.

L'anell que m'he comprat.

1 nov. 2007

A oscuras

Alejandro estaba nervioso. No quería ni reconocérselo a él mismo, pero el sudor que empapaba sus manos lo delataba. Tenía 45 años, y parecía un adolescente que se entregaba por primera vez a los placeres del sexo. Se había levantado nervioso, y aún lo estaba. De hecho, casi no había dormido, imaginando cómo serían los momentos de aquella extraña locura que estaba a punto de empezar a vivir.

Estaba tumbado, a oscuras, en una cama que no era la suya. Había llegado hacía sólo diez minutos en el apartamento que había buscado a toda prisa aquella mañana en las páginas del periódico. Había bajado las persianas, y cerrado las luces, de tal manera que la habitación quedara en la más absoluta penumbra.

Él había cumplido su parte del encargo, quedaba por ver si Inés cumpliría lo que le había prometido. Y tenía sus dudas. ¿No estaría jugando con él?. Temía que todo aquello fuera una broma de mal gusto a cargo de una chica demasiado joven para él. Él no jugaba con los sentimientos y deseos ajenos, y no le gustaba sentirse estafado en los suyos propios.

Faltaban aún quince minutos para la hora pactada. En el portal del edificio de apartamentos esperaba Jorge, gran amigo de Alejandro. Pensaba que aquello era una locura, y que Inés no iba a presentarse. Incluso dudaba de la existencia de la tal Inés. Y si existía, no era más que una loca amante del riesgo.

Jorge se equivocaba. Inés existía, y se dirigía ya a la cita. Caminaba deprisa, como era habitual en ella. Y tenía también sus propios temores. Alejandro acababa de llamarla desde el apartamento y le había descrito cómo iba vestido Jorge. Estaba más cerca que nunca de realizar su fantasía.

En el portal, Jorge vio como se acercaba una mujer. Supuso bién que era Inés. Era alta, morena, con unas piernas largas y unas caderas anchas. Inés también supo que él era Jorge. Jorge le dio las llaves del apartamento, y ella subió.

Alejandro seguía tumbado boca arriba en la cama de la habitación. A oscuras. Oyó cómo la llave se introducía en la cerradura y se abría la puerta. Oyó también los tacones de Inés, en el pequeño recibidor. De acuerdo con lo pactado, no abrió las luces. Dijo un simple “hola, soy Inés”. Y él la guió hasta la habitación con su voz... aquella voz que tanto le había gustado a Inés la primera vez que hablaron por teléfono.

Inés se acercó a la cama, y se tumbó al lado de Alejandro. Le acarició el rostro que nunca había visto. Resiguió sus pómulos, la forma de los labios... para hacerse una idea de cómo era aquel hombre. Estuvo unos minutos que parecieron horas, y que lograron erizar el vello de Alejandro, acariciándolo sólo con la punta de los dedos. Si el rostro de Alejandro no era cómo se había imaginado, o cómo deseaba, no dijo nada.

Él se moría de ganas de saber cómo era Inés. Poco a poco también le acarició el rostro. Los ojos. La nariz. Los labios. La barbilla. Como que Inés estaba recostada de lado, apoyándose sobre su brazo izquierdo, él se atrevió a bajar su mano hasta el cuello, para reseguir después la figura que dibujaba el hombro, y terminar recorriendo la línea curva que une cintura y cadera, y que tanto le gustaba de las mujeres. Inés le invitó a desnudarse. Y ella hizo lo mismo.

Sentados en la cama, fueron acariciándose lentamente, descubriendo mutuamente los rincones de cada trozo de piel del otro. Seguían sin verse, pero iban adivinando cómo era el otro, guiándose sólo por el sentido del tacto. Alejandro se acercó un poco más a Inés, y rozó sus labios. Ella volvió a tumbarlo boca arriba, y poco a poco, volvió a recorrer todo su cuerpo, esta vez con los labios.

Ambos estaban excitadísimos... Habían acordado intentar no hablar, y lo estaban cumpliendo. Pero hay veces en las que sobran las palabras, y ésta era una de estas ocasiones. Inés, que igual porque era más joven, era la más impaciente, tomó el miembro de Alejandro entre sus manos, y lentamente se lo introdujo dentro de ella. Y cabalgó. Cabalgó con un ímpetu y una pasión nada impropios en ella, hasta alcanzar el clímax. Se corrió a la vez que Alejandro lo hacía dentro de ella, y dejó caer su cabeza sobre el pecho de Alejandro.

Poco a poco, se habían ido acostumbrando a la oscuridad de la habitación. Y los ojos empezaban a confirmar lo que los dedos y los labios habían intuido mucho antes. Pero era sólo una imagen tenue. Y tanto Alejandro como Inés sabían que si se cruzaran en la calle no se reconocerían uno a otro.

Tal y como habían acordado, Inés se levantó. Recogió su ropa y se vistió. A oscuras. La despedida fue un breve beso que apenas rozó los labios de Alejandro. Lo último que oyó Alejandro de Inés fue el breve taconeo de los zapatos de ella en el recibidor y el suave golpe de la puerta al cerrarse detrás suyo. Abrió la luz, se vistió, y se marchó él también.