Se llama... Da igual cómo se llama, de hecho. Porque gente como ella hay bastante. Casi siempre son "ellas", eso sí. Yo creo que no lo hacen a posta, y, de hecho, ya dudo de que sean concientes que lo hacen.
Hacía mucho tiempo que no se veían todas las amigas juntas. Separadas, en grupos de 2 o 3, sí. Pero todas juntas, como antaño, igual hacía dos años bien buenos. Y, por fin, después de muchos intentos se habían conseguido conciliar las agendas. Mujeres trabajadoras, algunas con hijos, otras con maridos, y otras que eran trabajadoras, con hijos y marido a la vez. Ya se sabe: la vida es complicada.
En el restaurante, a la hora fijada, allí estaban todas. Todas, menos ella. Besos, alegría, ponerse rápido al día. Y esperarla, mientras empieza a correr el vino. 20 minutos más tarde llega ella. Hace su aparición triunfante. Más besos, grititos de alegría...
El camarero hace acto de presencia. Y empieza a tomar nota. En los 20 minutos que ella ha llegado tarde las demás amigas han tenido tiempo de decidir qué quieren. Ella, evidentemente, no ha podido mirar la carta. Además, se ha olvidado las gafas.
- Perdona, ¿podrías decirme qué hay en la carta? Es que me he olvidado las gafas en casa.- le dice ella al camarero.
-Eh....bien... De primero puede escoger entre tal y tal y tal y pascual...
-Pascual está cocinado en aceite de oliva o de girasol?
-Eh...de oliva,claro.
- Claro, claro...
- Y la ensalada, lleva cebolla?
- Sí, pero se puede hacer sin...
- Ya, ya...
- Así... ya sabe qué quiere?
- Ya sé que no está en la carta... ¿pero pueden hacerme una pechuga a la plancha acompañada de un poco de ensalada de sólo lechuga?
-Eh... sí, sí...
Las amigas, callan. Ya no recordaban que ella era así. El camarero se va. A los pocos minutos, ella levanta la mano:
- Eh, chico, ¿puedes cambiarme la copa? Es que está sucia...
- Claro, señora, cómo no... Aquí tiene...
- Perdona, pero ésta también... ¿lo ves?
- Bueno... para ser sincero, soy incapaz de apreciarlo... pero le traigo otra...
- Mejor tráeme un vaso. De los grandes.
Pasan unos minutos. Traen los primeros. Y la pechuga a la plancha con lechuga de ella.
- Perdona....la pechuga está poco hecha.
- No hay problema, la pasamos un poco más.
Más minutos. Vuelve la pechuga.
- Ahora la habéis secado. ¿La habéis recalentado al microondas, no?
- Eh... no.
- ¿Me traes otra?
- Si, señora...
Más minutos. Vuelve otra pechuga. Y los segundos de los demás. Siguen las risas, las conversaciones a muchas bandas... y ella come. Come algo, no todo.
- Señora, ¿postres?
- No. Un cortado descafeinado de máquina, con leche descremada, natural y sacarina.
A la hora de pagar se dice de hacerlo a partes iguales. Ella, además de las gafas, se ha olvidado el monedero en casa.
- ¿Podéis pagármelo? Entre todas vosotras mi parte os va a salir por nada... Además, lo mío es lo más barato...
El camarero devuelve la vuelta. Y ella:
- ¿Por qué no dejáis más propina? Eso es muy poco...
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Dedicado a... mejor no dedicarlo a nadie...